Anastasia salió de la salita y se quedó en la habitación, de pie frente a la ventana que daba hacia la avenida Nevsky. La calle se veía con gente, concurrida por las personas que aun seguían luchando por vivir, por tener una oportunidad para vivir. La oscuridad se apoderaba de la ciudad, pero no de la esperanza de sus habitantes. Anastasia regresó la vista hacia la sala, allí donde estaba el teniente en compañía de Darya. Desde ese punto de la casa, Anastasia podía ver como el semblante enfermo de Darya cambiaba a uno más saludable. Sus mejillas sonrosadas de amor le hacían saber de la dicha que su corazón sentía. Anastasia recordó en ese instante las palabras que una vez le había dicho su hermana Tatiana antes de morir, antes que la ciudad empezara a padecer el ataque de la Wehrmatcht.

