Nikolái Pavlov esperó con paciencia la llegada de Alexéi, pero él no regresó pronto. En su lugar, Jaroslav lo visitó para saber qué había decidido al final. Nikolái cerró los ojos en cuanto vio al hombre caminar por todo el pasillo y posarse frente a él. El tiempo se le había agotado, pero tenía que tomar una decisión. Nikolái deseaba con todas sus fuerzas regresar a la ciudad, pero le desesperaba saber que probablemente no lo haría en varios meses. En esos momentos se preguntaba si sería capaz de huir de la base alemana sin que se dieran cuenta y además vivo. La celda se abrió de par en par y Nikolái frunció el ceño, el sonido de las rejas oxidadas le hacía doler los oídos. Al interior de la celda ingresó Jaroslav en compañía de otros soldados, entre esos estaba Alexéi, quien se mante

