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1355 Palabras
La travesía de Anastasia había terminado. Con Denis agarrado de su mano, bajó del tren por primera vez en tres días de arduo viaje. El tren había desviado las zonas de peligro, ni un solo bombardeo los había golpeado, lo que a su vez significaba la demora del viaje. A ella poco le había importado el retraso, pues aquello le había permitido seguir con vida y lejos de los bombardeos. Cuando bajó del tren, Anastasia agradeció estar de nuevo en Leningrado y creyó que el pequeño Denis también lo agradecía. Sin embargo, el niño poco hablaba. Su mirada estaba perdida en algún lado. Anastasia creía que Denis buscaba entre la multitud a su hermano… Le deba tristeza decirle que Nikolái llegaría después y que por el momento no se encontraba allí. Caminó lentamente por la estación del tren. Miraba cada uno de los rostros de las personas del tren. Aquello le generaba un buen entretenimiento en un momento como ese. Estaba sola y en compañía de Denis. Tenía hambre y las piernas le dolían demasiado como para irse caminando hasta la avenida Nevsky, donde estaba ubicada su apartamento. Anastasia no tenía dinero… pues, sus ahorros habían quedado junto a su mochila al lado del cuerpo de Elena Smirnova. Ella iba con la mirada fija sobre el suelo, contaba cada una de las baldosas que pisaba. Era un juego que le había enseñado Tatiana cuando aún ambas iban a la escuela y debía caminar largas distancias. Al momento de levantar su mirada, el cuerpo se le tensó. Frente a ella, Vladimir caminaba acelerado para encontrarse con ella. Deseó ignorarlo, pero no pudo hacerlo. No se consideraba tan maleducada como para no saludar al prometido de su hermana… ¡Pero cuanto deseaba ignorarlo! Vladimir iba solo. Tatiana no lo acompañaba. Anastasia frunció el ceño. Vladimir la observó por unos cuantos instantes antes de tomarla de la mano y arrastrarla de regreso a las instalaciones del tren. El hombre ignoró que ella cojeaba y que, además, iba junto al niño. Debido a la brusquedad con la que caminaban, Anastasia le iba casi que arrancando el brazo al pobre Denis. Se detuvieron justo cuando Vladimir la hizo entrar en una oficina privada de la estación. Allí la arrastró hasta él y la amarró entre sus brazos. Anastasia estaba hecha una piedra. No podía respirar debido al huracán de emociones… Emociones que la incitaban a golpear y maldecir al detestable de Vladimir. Era tanta la furia que sentía, que su cuerpo supo quedarse estático y pesado, renuente a obedecer las violentas órdenes del cerebro. Pese a que su cuerpo no le obedecía, Anastasia logró hacer que Vladimir se separa de ella. Tan solo bastó unas cuantas palabras para hacer que él se alejara. Anastasia no estaba conforme con la distancia, así que volvió a tomar de la mano a Denis y se retiró a uno de los rincones del recinto mientras observaba de reojo el cerrojo que Vladimir la había puesto a la puerta. —¿Dónde estabas, Anastasia? —preguntó el hombre suavemente—. Me tenías preocupado. —Lo que me pase no te incumbe, Vladimir. —¡Por supuesto que me incumbe! —gritó mientras volvía a acercarse a ella—. Me tienes loco… Soy tu sombra, Anastasia. No podría vivir sin ti. Anastasia negó. —Estás loco, Vladimir. —Anastasia, ¿por qué me rechazas? —Vladimir, eres el prometido de mi hermana y además me doblas la edad. Eres el ser más despreciable que he conocido en mi vida, el más perverso y deshonesto de todos. Vladimir giró abruptamente y golpeó la pared, a pocos centímetros del rostro de Anastasia. Ella cerró los ojos y se deslizó por la pared hasta llegar al suelo. Estaba llorando. Vladimir le daba miedo y solo quería estar lejos de él. —Déjame salir. —¡No! —gritó mientras la obligaba a levantarse y mirarlo—. Serás mía, Anastasia Volkova. Llegará el día en que te convertiré en mi esposa. Ese día por fin dejaré a tu insípida hermana… A toda estas, ¿por qué no le has dicho nada a Tatiana? Anastasia se llenó de valor y lo observó a los ojos. Aunque estaba llorando, no podía demostrarse débil frente a la bestia de Vladimir. —Eres un poco hombre. Ten pantalones y enfrenta a mi hermana… Me molestas porque sabes que no puedo defenderme, pero una vez que ella lo sepa te dará de a sartenazos y nunca más en tu vida querrás saber de ninguna otra mujer que lleve su mismo nombre, ¡cobarde! Anastasia lo empujó, se acercó a Denis, quien los observaba con lágrimas en los ojos. También se había asustado. —Abre la puerta o haré un escándalo —advirtió con la mirada fija sobre el suelo. Vladimir pasó por su lado en silencio, la observó mientras buscaba en el bolsillo de su pantalón la llave. Anastasia esperó en silencio. estaba ansiosa por salir. Finalmente, Vladimir abrió la puerta y ella andando junto con Denis. Anastasia se sintió como un pajarito al que liberaban de la jaula. Ojalá ella hubiese tenido las alas largas para poder volar lejos. Vladimir salió tras ella mientras le gritaba. Pero, ella no le hizo caso. A pesar de su cansancio, prefería irse sola hasta el edificio donde vivía. —¡Anastasia! —gritó el hombre mientras la perseguía. Anastasia sentía miedo y también ganas de llorar. Mientras caminaba, miraba a su alrededor en busca de ayuda, pero nadie se percataba de su necesidad. Estuvo a punto de rendirse, pero a lo lejos vio al teniente Alexandr. Una salida se iluminaba ante sus ojos. —¡teniente Alexandr! —gritó antes de que el hombre desapareciera de su vista. El teniente se detuvo entre la multitud de personas y giró el cuerpo hacia atrás, buscando la dirección del llamado. Anastasia no esperó a que el hombre llegara hasta ella. Mas bien, salió corriendo mientras agarraba a Denis. —teniente Alexandr —chilló asustada. Sentía a Vladimir tras de ella. —Señorita Anastasia, ¿qué le ocurre? —interrogó el militar mientras la observaba de arriba abajo. El hombre buscaba alguna herida en ella. Anastasia cerró los ojos abatida. —Lléveme a mi casa, por favor. Me están persiguiendo… Lo siento si lo incomodé, pero no me siento segura. —No se preocupe, señorita Anastasia. Dígame donde vive, tomaremos el tranvía. Anastasia sonrió aliviada. —Muchas gracias. Anastasia regresó la mirada hacia Vladimir. El hombre ya le había dado la espalda y caminaba en dirección opuesta a ella. En ese momento, pudo respirar con tranquilidad. —¿Quién la perseguía señorita? —Un hombre que está obsesionado conmigo… Es insoportable. —Tenga cuidado. Anastasia asintió. Era justo lo que pensaba hacer. A partir de ese día, se cuidaría de no acercarse a Vladimir. Ella sabía que corría peligro, mucho peligro. Un hombre enloquecido podía cometer atrocidades. —teniente, no debe acompañarme si está muy ocupado… Solo envíeme en el tranvía, por favor. —¿Está segura de que no quiere que la escolte? Anastasia negó mientras sonreía con amabilidad. —No ocurrirá más nada. Me bajo en la avenida Nevsky Prospekt. —De acuerdo, señorita. La acompañaré hasta el tranvía, supongo que no cuenta con dinero. —Se lo agradecería, teniente. Anastasia subió en el tranvía junto con el pequeño Denis. Estar de nuevo en la ciudad la llenaba de tranquilidad, la hacía sentir en paz y de cierta forma segura. Sin embargo, aquella sensación era engañosa. Muy pronto, Anastasia solo recordaría ese día con anhelo y nostalgia. Los días que vendrían sobre la ciudad, pondrían a prueba la tenacidad y aguante de sus habitantes durante los siguientes tres años. La vida no sería igual. La vida empezaría a ser dura, la esperanza menguaría ante la amenaza intangible de la muerte. Solo la comunidad, la familia y la amistad harían el mayor y más poderosos frente de toda guerra. ¿Podría sobrevivir la ciudad al asedio de los alemanes o sucumbiría ante la b********d del ataque? El verdadero tormento apenas comenzaba, y nadie lo había intuido.
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