Fue cuestión de parpadear. Ya me encontraba derribada como una muerta en el suelo y creía que me había roto una costilla. Me había golpeado fuertemente la cabeza y mis gafas estaban destrozadas. Durante unos escasos segundos luché por inhalar, exhalar, o lo que fuera para no perder la pequeña cantidad de aire que sobraba en mis pulmones. La cabeza me daba vueltas bruscas y violentas y ya las sienes comenzaban a palpitarme hasta cierto punto en que pensé que mi cerebro iba a estallar. Y de repente, recordé que Axel me estaba mirando, posiblemente muerto de la risa. Y eso bastó para hacerme recobrar el sentido y ponerme en acción. Poco a poco, logré apoyarme en mis codos. Entrecerré los ojos como un par de rendijas para lograr tener una mejor visión sobre el campo de juego. Estaba a punto

