3. Expectativas peligrosas.

1482 Palabras
"You know my name, not my story..." Me acosté en la cama y cerré los ojos con fuerza, deseando que todo fuera sólo un mal sueño del cual despertaría dentro de muy poco tiempo. Cuando los abrí y me di cuenta de que no estaba en mi habitación de Carolina del Norte, sino en una llena de cajas, maletas y polvo, contuve las lágrimas y luché por no recordar el asunto del restaurante y las expresiones de asco de las personas. Fue una de las experiencias más terribles y vergonzosas que he tenido en toda mi vida. Tenía ganas de levantarme, ir y gritarle a Axel por ese acto de inmadurez que había cometido y decirle a Charles lo que en realidad había pasado para ver cómo lo castigaban por el año entero. No era justo, yo no le había hecho nada para que me hiciera bañarme en lo que era, prácticamente, mierda. Quizás a él le resultó lo más gracioso del mundo, pero a mí no. La puerta de la habitación se abrió lentamente y una fracción de luz reparó en mi cara. Fruncí el ceño y me cubrí con la almohada. Aparte de los molestos efectos de esa repentina claridad, no quería hablar con nadie. El lado izquierdo de la cama se hundió un poco y sentí una mano palmear mi espalda. —Hey Jo—escuché la voz de Reagan—¿Estás bien? —Vete—le dije, todavía con el rostro enterrado en la almohada—. No estoy de humor, por favor déjame en paz. —Vamos, sé que no quieres estar sola—se arrellanó en la cama y adoptó un tono de susurro—. ¿No quieres hablar de nuestro primer día de escuela, como siempre hacemos? Es mañana y estoy super emocionada. —Genial. —¿Verdad que sí? Mira lo que investigué sobre nuestra nueva secundaria, no sabía que estaba relacionada con la Universidad de Cambridge... Levanté mi cabeza pero no para prestarle atención, aunque el tema me estuviera comenzando a parecer interesante. Lo hice para tomar un poco de aire y no morir asfixiada, que ahora que lo pensaba, no era una muy mala idea teniendo en cuenta mi mala suerte. Vi que Reagan tenía el ordenador portátil encima de su regazo y oprimía teclas sin parar, con su concentrada mirada azul atenta a lo que pasaba dentro del monitor. La curiosidad me pudo y con un brazo me arrastré hasta su lado. —Secundaria O'Callahan—me limité a decir. Mi hermana afirmó con la cabeza y abrió otra ventana. —Secundaria O'Callahan: mil quinientos estudiantes y un cuerpo de maestros de renombre. Fue fundada en 1890 por el escocés Andrew William O'Callahan y actualmente es un castillo victoriano ubicado en el centro de Holmes Chapel, Cheshire—entonces me miró sorprendida—. ¿Te imaginas a nosotras estudiando en un palacio de la época victoriana? —¿Qué más dice? Reagan volvió a centrar toda su atención en la pantalla y siguió abriendo y cerrando pestañas. —Mmm...pues...esta sección trata de estudiantes. Supongo que sólo suben los más sobresalientes a la página escolar. Hay muchas áreas, pero las más populares son las intelectuales y deportivas. Qué aburrido. —¿Te importaría si vemos el grupo de cerebritos del curso que me corresponde? —¿Qué?—mi hermana sonrió con ironía—¿Preocupada por la nueva competencia? Por primera vez después del mal rato que pasé en el restaurante, reí abiertamente. —Algo así—confesé—. Bueno, menos charla y más acción. Entra ya. Reagan obedeció sin rechistar y dio click en la sección de estudiantes sobresalientes, luego seleccionó el tercer curso de la secundaria. Como el año escolar 2019-2020 comenzaba mañana, los que se suponía que pasaron al último año de escuela todavía seguían en la sección de onceavo grado. Mi hermana seleccionó la casilla correspondiente y tres nombres aparecieron de repente delante de nuestros ojos. Los leí con atención; iban de tercer a primer lugar. -Miller, Elizabeth, Lina. -Karamakov, Aliya, Micaela. -Dough, Axel. Se me desencajó la mandíbula y sentí una punzada de resentimiento y ambición en el pecho. Reagan se puso a chillar delante y a reírse como una estúpida, con la cara roja como un tomate y sus enormes ojos azules abiertos como un par de platos. Supe lo que estaba pensando. Pero no tenía tiempo ni deseo de concentrarme en los hormonales e inmaduros objetivos de mi hermana... oficialmente esto era la guerra. —¿Puedes seleccionar los nombres de los estudiantes y ver… qué se yo… si hay alguna clase de biografía? —Desde luego, por si no lo sabías, igual me interesa la vida de nuestro nuevo hermano—me guiñó el ojo, mas yo le resté importancia. Lo que hacen las hormonas. —Hermanastro—corregí. Reagan abrió la biografía de Axel. No era más que una página con dos o tres párrafos hablando de su desempeño y personalidad académica, seguida por una larga y al parecer interminable lista de reconocimientos que le habían otorgado a lo largo de sus años en la secundaria. Natación, rugby, boxeo, matemáticas, geografía, ciencias... La puerta de mi habitación se abrió y Axel apareció asomado en el umbral. Reagan cerró de golpe el ordenador y la puso tras su espalda, yo me pegué ella como si fuera un imán y al mismo tiempo sonreímos como un par de niñas buenas e inocentes. Axel nos miró extrañado. —Vale —dijo lenta y cuidadosamente después de evaluarnos con la mirada. Sacudió la cabeza y dio un respingo—. En fin, sólo os quería recordar que mañana iréis conmigo a la escuela. Mi coche está disponible así que no tenéis que ir a la parada del bus si no queréis —asentimos rápidamente. Axel frunció el ceño extrañado—. Bien...¿algo en lo que pueda ayudar? ¿Para qué? ¿Para sufrir otro episodio que esté relacionado con mierda o alguna sustancia asquerosa y repugnante como tú? Muérete. —No gracias, Axel, estamos bien—una vez más, forcé una sonrisa. Axel no se tragó ni se dejó seducir por mi falsa simpatía y un brillo diferente le atravesó la mirada. Casi pude escuchar su risa malvada burlarse de mí en su interior. —¡Oh, Axel! Antes de que te vayas, tengo una pregunta—exclamó Reagan, sonriente. Asintió con la cabeza, todo a nuestra disposición, y se recargó en el marco de la puerta. "Inconscientemente" se mordió el labio. Con disimulo, Reagan me apretó el brazo y me clavó sus uñas, derretida por ese gesto de Dough. Por supuesto, él sabía el efecto que le causaba a mi hermana, y estaba segura que ella no era la única chica que se dejaba llevar por ese tipo de encanto. Quizás no lo conocía, pero no era estúpida. Axel sabía que era guapo, quizás bastante, y lo estaba usando a su favor. Las personas como él abundaban sobre este predecible y aburrido planeta tierra. —Tengo todo el tiempo del mundo Reg, dime qué quieres saber. Ella me lanzó una mirada fugaz, ilusa, y luego volvió a enfocarse en Axel. —Mi… madre me dijo que donde estudiaremos hay áreas técnicas, ya sabes, actividades extracurriculares y todas esas cosas… me gustaría saber qué elegirás este año. Sólo curiosidad, nada más. Él pareció pensarlo por un momento, pero luego dijo: —Eso tendría que verificarlo mañana. Pertenecí a muchos equipos y siempre fui el capitán en todos, en la mayoría de competencias ganábamos. La verdad no estoy seguro… pero… creo que me gusta más la natación así que posiblemente vuelva a inscribirme en el equipo. Nota mental: tomar la misma actividad que Axel, caer en su misma clase, patearle el trasero en todo lo que se proponga y hacerlo pagar por lo que me hizo este día. Sonreí. Esto significaba la guerra. Cuando Axel se había ido, Reagan soltó un chillido de emoción y comenzó a saltar en la cama mientras repetía una y otra vez: —¡Me llamó Reg! ¡Me llamó Reg! ¡Me llamó Reg! Solté un bufido de irritación y en vez de hacerle caso, me concentré en mis nuevas expectativas. Si Axel creía que no iba a cobrar mi venganza, estaba muy equivocado. Mañana, cuando la campana de la escuela marcara el inicio de clases, procuraría ser la mejor en todo lo que Axel hiciera, ya sea natación o matemáticas. Me las pagaría por lo de la ducha, y me las pagaría bien caro. Él no sabía con quién se metía. Esos trofeos y medallas que se encontraban en la repisa de abajo serían reemplazados por los míos con el paso del tiempo. Si Axel quería jugar sucio, pues que tenga unos felices Juegos del Hambre. No podía esperar para el día de mañana.
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