Una tregua

1700 Palabras
Todo se convirtió en una estupidez en su más alto esplendor. Luna no podía creer la clase de hombre y sádico que había conocido y lo peor era que aunque estaba en sus manos, no estaría dispuesta a seguir su juego, pues ella no se consideraba un juguete. —Hija, se han acabado las pastillas —su madre le entregó la caja vacía. —¿Está todo bien? —Así es madre. Su rompecabezas estaba incompleto, ¿de dónde conseguiría dinero si la única opción que tenía era trabajar para pagar el dinero que ya había gastado? Ella se encerró en su habitación y después de llorar amargamente se quedó dormida. ¿Cuánto tiempo había pasado? Ella no lo sabía, pero ya era un nuevo día, pronto caería la tarde y con ella la hora del tratamiento de su madre. —¡Rayos! Ella salió a toda velocidad y cuando llegó a la sala se sorprendió con todos los paquetes encontrados. Había provisiones para más de un mes y también el tratamiento para su madre. Cada vez la cosa se ponía más extraña, pues todos parecían felices, ya que incluso la pequeña Estela jugaba con sus muñecas nuevas. —Gracias, hija, por tu esfuerzo. Ahora tengo mi tratamiento completo y también todo lo que necesito para mi dieta alimenticia. Ella solo pudo tragar saliva sin entender lo que estaba sucediendo —Todo por ustedes. —Ese paquete es para ti. Ella señaló una maleta sellada que estaba sobre el sofá, tenía el nombre de su dueña y un aviso de no tocar. Por miedo a que su madre se enterara de algo, se fue a su habitación para abrirla. Allí encontró ropa nueva y calzado para su primera semana laboral. También había una nota. Nota: ☺️ ¿Una tregua? Si tu respuesta es sí. Envía un mensaje y te paso a recoger a las 8:00 PM —¡Mierda! —ella no sabía cómo tomar todo lo que estaba sucediendo y solo conseguía llenarse de ansiedades y pensamientos locos. La verdad es que desde la noche en que lo conoció le había regalado tranquilidad, así que en forma de agradecimiento tomó su celular y envió un mensaje. Mensaje: Sí. Aceptó una tregua. Este fue leído de inmediato y, aunque no fue respondido, sabía que la cena sería un hecho, así que después de informarle a su madre que saldría a cenar con un amigo, la ayudó a organizar la despensa, a limpiar toda la casa y luego se arregló. Ella eligió un vestido beige que había llegado en la maleta y maquilló su rostro, sintiendo algunos choques de corriente que iniciaban en sus pies y terminaban en su estómago. —¡Estás hermosa! ¿Te puedo hacer una pregunta? —entró su madre sin primero tocar la puerta. —Claro. —¿Estás enamorada? Ese rostro de choques de emociones lo conozco muy bien ¿O qué? ¿Luis te propuso matrimonio? —No, madre. No es ninguna de las anteriores, estamos en un siglo donde los sentimientos solo son adornos, pues no tienen ningún valor. Sarah se quedó confundida y ella no tenía tiempo para explicarle, así que sin mirar su reloj tomó su cartera y salió a esperar que la recogieran. Ella no podía sentir más que indignación y dolor, pero era su vida. Su amarga y sin sentido vida. —¡Aquí estás! Sabía que no te ibas a esconder para siempre. —la encontró Luis después de tanto ocultarse de él. —¿Por qué debería esconderme? —Es la manera en que dejaste nuestra relación. —No seas idiota, yo nunca te di ninguna respuesta de relación. —¡Claro! Tus amigas te guiaron a su camino de ambición y yo no tengo el dinero necesario ¿Cierto? Pero te informo que eres mía… Y ha llegado el momento de poseerte. Él se acercó con intención de ultrajarla y cuando ella gritó fuerte, dos escoltas se acercaron y lo lanzaron al suelo, evitando que la tocará. —¿Qué está sucediendo aquí? Ella escuchó ese tenor fuerte e intimidante. Luis no se quedó en el piso y de inmediato intentó defenderse. —Aquí no pasa nada. La señora y yo somos parejas y solo tratamos de arreglar un tema inconcluso. —¿Parejas? —Reaccionaron Luna y Adán al mismo tiempo. —Yo no soy tu pareja y nunca lo fui, así que no me mientas. —Ya escuchaste a la señorita —expresó uno de los escoltas mientras se mantenía pendiente para que no se pudiera acercar. Adán tomó la mano de la chica y, después de abordar el lujoso auto, abandonaron el lugar, dejando a Luis sin palabras y más enojado que un inicio. —Lo siento… —¡Shhh! No tienes que explicar nada —la interrumpió llevando el dedo a su boca. El auto se estacionó frente a un gran edificio y ambos lo abandonaron con ayuda de los escoltas. Adán caminaba erguido y sereno, sin mirar hacia ningún lado, mientras Luna pudo ver cómo robaba suspiros y toda la atención de las mujeres presentes. Ella se sentía como un bicho raro, hasta que él volteó a mirarla y la tomó de brazos, para así dejar más que claro que llegaron juntos. Una elegante mesa. Él se adelantó y arrastró la silla para que la chica se pudiera sentar y una vez sentada, acercó y rozó el delicado cuello de la chica con sus labios para que sintiera su presencia, fue un logro contemplar cómo su piel se erizó. Eso solo le confirmaba que iba por el camino correcto. —¿Algo para tomar? —se acercó el mesero y entregó el menú. —Lo mismo de siempre y te pediré unos minutos más para así dejar que la joven decida lo que desea cenar. —Entendido señor Thompson. Luna tenía los ojos cuadrados y una extraña tos se apoderó de ella —«Cof, cof, cof» ¿Estos son los precios? ¡No lo puedo creer! Con el costo de un solo platillo, puedo llenar la despensa de mi casa. —No le prestes atención a los precios y ordena lo desees para la cena. Ella lo observó muy tranquilo —¿Tú qué vas a pedir? ¿Por qué no miras el menú? —¿De verdad tienes 25 años? A veces actúas como una mocosa de menor edad. —con sus palabras hizo que la sonrisa saliera del rostro de la joven y de alguna manera se sintió incómodo. —El mesero sabe que deseo para cenar aquí estamos esperando por tu elección. —¿Puedo pedir lo que desee? —¡Así es! —¿Qué pedirías tú en mi lugar? —Firmar ese contrato y pasar la noche completa follando con las luces apagadas, mientras nos dejamos guiar por el aroma de nuestros cuerpos y el deseo de estar conectados. Un fuerte corrientazo pasó por las piernas de Luna, provocando humedad en su ropa interior. Su rostro se sonrojó y sus ojos la delataron. —Eso no está en este menú. —Ya sé que no, pero sí es un platillo que deseo degustar. Ella aclaró la garganta, mordió su labio inferior y apretó sus piernas, intentando disimular la incómoda situación —¿Me ayuda a pedir algo que esté en el menú? Él llamó al mesero y pidió la cena para los dos. Luna había empezado a sudar a pesar de la temperatura fresca que estaba haciendo en ese momento, pues aquel hombre la desnudaba con la mirada, su intención era más que evidente y de alguna manera era satisfactorio para ella. Conectados en una mirada ella humedece sus labios cada vez con más frecuencia. —¿Leíste el contrato? —No. —Pensé que te lo habías llevado para leerlo. —Aún no lo he hecho. Él no perdió más tiempo y se acercó, lo hizo tan cerca, que logró estremecer por completo a la chica. —Te aseguro que todo lo que obtendrás es ganancia y placer absoluto. —¿Seríamos una pareja? —Tú me pertenecerías por un año, pero en ese lapso, no te haría falta nada. —¿Seriamos una pareja o no? —No. —Entonces no me interesa —terminó con una sonrisa sarcástica. —Si no conociera la humedad que tienes en este momento en tu tanga y el deseo de juntar tus labios con los míos, quizás te pudiera creer. Sus miradas estaban conectadas y él podía jugar con sus pensamientos a su antojo ¿Cómo se enteró de eso? Ella no lo sabía y tampoco tenía una respuesta en ese momento. —Permiso. Justo a tiempo llegó la cena y aunque él no apartaba la mirada de la chica, estaba más relajada, ya que no tenía que responder nada más. Después de la cena él pagó la cuenta y salieron para ir de regreso. —¿Hacia dónde iremos? —Tú irás a tu casa y yo me voy a tomar un trago. —¿Iré a casa? Él, en un rápido intento, la llevó a la pared. Ella pensaba que la iba a besar, pero no fue así, solo hizo un roce. Haciendo que se encontraran sus respiraciones y que las piernas de la chica perdieran la fortaleza. —Esa ha sido tu decisión. Ella abrió los ojos, humedece sus labios mientras recibía choques eléctricos por todo su cuerpo —¿Me vas a besar? —No te pienso tocar hasta que firmes ese contrato y me hagas tu dueño. Así que lee lo que dice aquel documento y entrégate a la pasión. Te aseguro que lo vas a disfrutar. —terminó con un beso. Todo era confuso, pues a ella le estaba empezando a gustar ese juego peligroso y todos los choques de energía que le daba a su cuerpo. Durante el camino no dijo una sola palabra, pero con las puntas de sus dedos acariciaba las piernas y rodillas de la chica haciendo que sintiera deseo, pero todo acabó cuando el auto se detuvo en su casa. Él se despidió y se marchó, dejándola con miles de preguntas y su tanga ya mojada.
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