Envidia

1648 Palabras
Estrella estaba frente al espejo luciendo un hermoso vestido, este hacía resaltar sus caderas y el tono rojo pasión le iba perfecto a su piel. A ella le encantaba lo que veía y más por todas las sensaciones que provocaba en ella misma. Mientras se admiraba, escuchó abrir la puerta y no pudo dejar de preguntar. —¿Cómo me veo? ¿Espectacular, cierto? Ya lo sabía. —ella seguía modelando el vestido frente al espejo. —¿Te reuniste con Luna? De inmediato rodó los ojos —Eso no responde a mi pregunta y no, Luna no me responde las llamadas y no sé dónde encontrarla. —¿Cómo obtuviste el vestido? Qué por cierto te queda fabuloso. —Ella me lo había devuelto después de la fiesta alegando que no era de su estilo y por alguna extraña razón no lo recordaba. —Yo tampoco… —Lo importante es que estamos preparadas para la segunda oportunidad de mañana. «Ring, Ring, Ring» Estrella miraba su celular resonar y se quedaba muy atenta en todo momento, pero no se decidía a tomar la llamada. —¿Qué sucede? ¿No vas a responder? —Es un número restringido que insiste en comunicarse conmigo, pero tengo mucho miedo después de lo que sucedió con Daniel. —¿Miedo? Esa palabra no te define, amiga… Préstame ese celular, yo seré quien le responda. —No. —enseguida se negó y la apartó con evidente disgusto. —Nunca te podrás enterar de lo que sucede si no te decides y tomas la llamada. —Si alguien se quiere comunicar conmigo, que lo haga desde un número real, ¿por qué ocultarse detrás de un número restringido? Nunca me ha gustado tomar ese tipo de llamadas y nunca me gustará. —De todas las preguntas que haces, la única que no entiendo es por qué tienes miedo. ¿A qué le temes? La muerte del señor Daniel fue algo natural y, aunque murió erecto, solo fuiste culpable de hacerlo feliz. Ella miró a su amiga con desagrado mientras bajaba el zíper de su vestido. —Lo puedes incluso tomar a chiste, ya que no has sido tú quien ha tenido que atravesar todo este tema y vivir un momento estresante y horrible. —En mi opinión es de la manera que él deseaba morir y tú solo cumpliste su última voluntad. Te recuerdo que Daniel tenía más de 70 años y que aún cogiera ya era un milagro ayudándose con pastillas. —No quiero hablar sobre el tema, todo eso me perturba. Terminando de quitarse el vestido se acomodó su ropa, mientras recordaba cómo se le iba la vida a ese hombre sobre ella en medio de un orgasmo. «Tock, Tock, Tock» Ella se exaltó al escuchar que tocaban la puerta principal, todo el tema de lo sucedido la tenía muy nerviosa y aunque deseaba controlarlo parecía imposible hacerlo. Sol se dirigía a abrir la puerta y ella la detuvo. —Espera… —¿Qué? ¿Tampoco puedo abrir la puerta? —Lo siento, estoy algo paranoica y lo peor de todo es no saber controlarlo. Colocando los ojos en blanco fue a la puerta y al abrirla se encontró con Luna. Ella entró de inmediato, dejando a sus amigas boquiabiertas al ver su cuello con besos marcados. —Necesito de su ayuda, no quiero que mi madre y hermana me vean de esta manera. Todo se salió de control y no sé a qué hora mi cuello terminó marcado. Estrella saltó del sofá y se dirigió a su amiga con mirada interrogativa —Ardiente mi amiga, ahora no podrás decir que no hubo acción. Luna estaba mirando su cuello frente al espejo mientras su amiga se dirigía a ella. —Jamás les he ocultado nada, pues como tampoco ustedes lo han hecho conmigo. —Entonces queremos detalles —se apresuró Sol con la bolsa de maquillaje en las manos para ayudarla ocultando los besos marcados en su cuello. —Por confidencialidad no puedo dar muchos detalles, pero creo que soy adicta al sexo. —¡Ahhhhh! «gritos de perras locas» —Si hablas de confidencialidad, creo entender la situación tan deliciosa que estás viviendo —expresó Estrella más que emocionada. —¡Shhh! —Luna se sonrojó quedando descubierta frente a sus amigas. —Como ya conozco sobre el tema no haré preguntas, pero es adrenalina y placer absoluto, ya me ha tocado vivirlo, la única cosa negativa es que es muy corta su duración, pues la regla es de solo una noche. Luna permanecía en silencio por las reglas del juego y por temor a hablar demás. —Solo temo enamorarme. —Eso no sería sabio, amiga, pues te llevaría directo a la tristeza absoluta. —terminó Sol con su cuello, tapando todo con base de maquillaje y corrector. Luna de inmediato fue al espejo y quedó más tranquila —No quería que mi madre se enterará de nada, pero tampoco sabía que se podían tapar por completo. —Por eso te acordaste de tus amigas —reclamó Estrella con enojo aparente. —No me he olvidado de ustedes, aquí les traje un regalo —ella entró la mano en su cartera y les dio dinero en dólares. —Para que se vayan de compras. —¡No lo puedo creer! Imagino que todo esto es por tu virginidad, ¿por qué jamás me fue tan bien con uno de esos millonarios mañosos y morbosos? Luna miró su reloj —Ya tengo que regresar a casa y empezar con unos trabajos que me han encargado, les prometo que el fin de semana las invito a mi casa, ahora solo quiero descansar, pues estoy agotada y tengo trabajo pendiente. Después de despedirse con un abrazo, Luna se marchó y Estrella pudo ver por la ventana, que el chófer la estaba esperando. —¿Quién lo diría? Luna envuelta en juegos perversos —expresó Estrella mientras contaba el dinero que tenía en las manos. —Me parece increíble, ella siempre se mantuvo alejada de todo y se negó a esos juegos, pero por su rostro no fue mucho lo que durmió. —Tengo envidia, amiga —expresó Estrella sin parpadear ni enfocar a Sol —. Y llevó días cuestionándome por esto, pero es la vida que desee para mí y se siente feo verla realizarse en alguien más. Lo peor es que sea en alguien a quien nunca ni siquiera le importó. Sol quedó en shock al escuchar sus palabras —Es Luna, nuestra amiga. ¿Lo recuerdas? —Lo sé y no lo puedo controlar. —Nuestro destino está escrito y tienes un muy bonito corazón, así que saca todo lo malo de allí adentro y pronto tendrás solo para ti a un millonario adicto al sexo y a darle regalo a su hermosa ninfómana. Estrella miró a su amiga y sintió bonito. —Pensé que me ibas a regañar por lo que acabo de decirte. —Yo sé quién eres en realidad y solo es un pensamiento pasajero. Mañana, cuando llegues al evento, estoy muy segura de que vas a cazar a ese millonario que tanto necesitas para ser feliz. No sabían si era una obsesión o un sueño frustrado, pero desde siempre fue el sueño de Estrella y nunca pudieron juzgarla por ello. Ellas seguían hablando mientras José dejó a Luna en su casa y de regreso se sorprendió bastante al encontrar a su jefe aún en la mansión haciendo las maletas. Él de inmediato miró su reloj. —Está usted retrasado, señor, de saber que debía llevarlo al aeropuerto, no me tomó tanto tiempo con la señorita Luna. —¿Dónde la dejaste? —Primero pasó a visitar a sus amigas y luego se fue a su casa. —Bien, te he dejado algunas cosas que mañana le irás a entregar. José, quiero que estés muy pendiente de ella. —Así lo haré, señor. Ahora vamos saliendo y seguimos hablando de camino al aeropuerto. José fue por algunas maletas y le pareció extraño ver tanta tranquilidad en su jefe, pues conocía muy bien lo puntual que siempre era para las reuniones de negocios. —Sí, José. No quiero irme… —¿Sucede algo? —Suceden muchas cosas y entre ellas está… —¿La señorita Luna? —Ella es la principal, pero también está Eva y lo que me habías dicho. —Ya envié a investigar todo lo relacionado, aquí lo que me tiene intrigado es su distancia, pensé que vendría de inmediato a buscarte. —No lo menciones. Ahora me voy, pero dejó ese tema en tus manos y también a Luna. —La seguiré transportando a su trabajo y seguiré sus órdenes… —No voy a permanecer todo el tiempo en Venezuela, en cuanto todo empiece a moverse, vendré de regreso, tampoco me gusta la idea de tener a Carlos rondando tan cerca. —Ya he anunciado que tiene prohibido el acceso a la empresa y cualquier lugar que le pertenezca a usted, señor. —No quiero otro golpe inesperado, y conociendo a Carlos, algo debe estar buscando, que ha venido de regreso y quiere reunirse conmigo. Incluso lo puedo sentir. José estaba impaciente y no dejaba de mirar el reloj, y Adán, en cuanto se enteró de su desesperación, envió a buscar el resto de las maletas y salieron para el aeropuerto. Ya iba con más de una hora de retraso, pero tranquilo. —José, te puedes calmar, ya he hablado con mi asesor y mis abogados están en Venezuela adelantando todo hasta mi llegada. —No sé por qué me sobresaltó si usted siempre mantiene todo bajo control. Adán dio una palmada en el hombro a su chofer —Soy muy afortunado de contar con tu eficiencia. Con una sonrisa, José le agradeció mirándolo por el retrovisor mientras entraba al estacionamiento del aeropuerto.
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