Llegaron las Navidades

1542 Palabras
Llegaron las Navidades, y con ello llego el frió que se te mete por los huesos, Elba se empeñó en comprar adornos navideños, salí con ella de compras, andábamos en mi vehículo vía al centro de la ciudad. Estacionada esperado el cambio de luz del semáforo, Elba hablaba sin parar como siempre, yo enumeró los regalos que debo comprar, - “Papá, Mamá, para mis hermanos José Manuel, Juan David, mi cuñada Elena, mis dos sobrinos María, y Miguel, también para Elba, Rebeca, Lara, Sofía mi hermosa ahijada. Empiezo a recordar cuando llego a esta ciudad y me viene a la mente Lara, la conozco en la residencia, desde allí empezamos a ser las mejores amiga, no se lleva nada bien con su mama, las dos nos apoyábamos como hermanas, en una de nuestras salidas a un club nocturno, ella conoce a Ronald, se enamoró y en poco tiempo se fue a vivir en él, desde allí cada una siguió su vida, aunque nos comunicábamos por mensajes, quien nos volvió a unir fue la pequeña Sofía. También pienso en mi familia, en el tiempo que tengo sin verlos ya hace un año que viaje a mi pueblo, por el trabajo siempre viejo entre el 27 y 30 de diciembre, este año pienso viajar el 28 de diciembre, me voy por el terminar de autobuses, son aproximadamente 8 horas de viaje por carretera, cambia la luz del semáforo y continúo el recorrido. Elba: preguntó preocupada, - “¿cariño, te ocurre algo?”. Mariana: “¡no!, Elba la Navidad, que siempre me trae recuerdos” - al ver que ella me miraba, dije - “Cambiando de tema, ¿qué quieres que te regale?”. Elba: “Dios bendito, te digo lo mismo todos estos los años, el mejor regalo para mí es que seas feliz, pasaras Navidad conmigo verdad?”, - al ver que no contestaba, me miro - "señorita no lo vas a pasar sola, si no vienes a mi casa soy capaz de coger a mi familia y todo para llevármelo a tu casa. ¡Sabes que lo hago!”. Elba tiene unos familiares que llegan de visita y pasan noche buena con ella, sus hijos ya le mandaron el pasaje de avión para reencontrarse con ellos en año nuevo. Mariana: “Bueno, ya hablaremos”, - reí todavía quedan dos semanas, ahora vamos a comprar unos cuantos adornos de esos que tanto te gustan. Agobiadas con la cantidad de personas que había en el centro, decidimos entrar a un centro comercial, hay encontrare todo lo necesito. Compramos cintas y bolas de colores rojos, blancos y plateados, adornos, encargamos un árbol de Navidad y luego fueron a una tienda de juguetes, compre varias cosas, para María, Manuel y Sofía. Salimos de allí, pasamos por una tienda de joyas y me fijó en que Elba miraba unos pendientes, disimulo viendo unas pulseras y le compro una a Rebeca, veo que se hizo la confundida, ahora ya sé qué comprarle a Elba, aunque sé que me matara cuando se los dé, porque murmura que los precios en esta tienda son exageradamente caros. Estábamos cargadas de bolsas, pero faltaba el regalo de Juan David, de pronto vi una chaqueta, en una vidriera es de cuero negra, -“¡eso seguro le gustara!”, - me dirigí a comprarla, se la pedí a una de las vendedoras que estaba cerca de la vidriera, ella no sabía que un hombre que había entrado antes que yo también la había pedido. La encargada: “Hola bienvenidos con pena les digo solo queda esa”, - señalando mis manos donde ya posaba la chaqueta, - “señorita mil disculpas pero el señor ya la había pedido primero, la semana que viene nos llegan más”. Mariana: le extendí la chaqueta a la vendedora y miró al hombre que se disponía a probarla y sorprendiéndome a mí misma, digo, - “no creo que sea su talla, ni su estilo”. Desconocido: Me di la vuelta para mirarla, no sabía si hablaba conmigo y la miro extrañado y preguntó con una sonrisa, - “¿Por qué cree que no me va a quedar?”. Mariana: piensa rápido, hay dios ¡qué digo!, - “Creeooo… que ese color no va con el tono de su piel, además esa talla es pequeña para usted, se nota de aquí a Pequín”. Desconocido: tras cruzar una mirada con la Señora que ve divertida con la actitud de su acompañante, no dijo nada solo se di la vuelta, me miro en el espejo y me pruebo la chaqueta. Mariana: en ese momento me fijó en él, es un hombre muy atractivo, por su acento al hablar debe Andino, debe tener unos treinta y algo de años, es más alto que yo, con buen porte, iba impecablemente vestido con un traje, sin poder dejar de observarlo, me fijó en sus cabellos color castaño claro y en sus imponentes ojos azules, que me traspasan a través del espejo. Desconocido: sin apartar la mirada de la Joven, digo serio - “yo creo que es mi talla, señorita”. Mariana: embobada por aquella voz ronca y tan varonil pienso - cómo voy hacer para que no se lleve la chaqueta, - no me di cuenta de que él se había girado para decirme algo y me miraba. Desconocido: sumergido en mi pensamiento - ”esta señorita es hermosa, con una larga melena negra, nariz pequeña delicada, ojos cautivadores color café y unos labios gruesos provocativos, sin apartar mi mirada me fijo en su figura delgada, sin duda bien distribuida, que se puede notar con ese suerte color rojo y esos jeans anchos que no le queda nada mal, es de lo más tentador, por unos instantes pensé en la suerte que tendría el tipo para quien ella quería la chaqueta. Seguían sin hablarse ninguno de los dos hasta que él rompió el silencio: Desconocido: la veo que no aparta su mirada de mí, como no respondió, vuelvo a decir, con una sonrisa burlona, - “creo que es mi talla, pero si usted cree que yo no debería quedármela, tome, para usted”, - digo mientras me la quitaba y se la daba, - “seguramente a su novio le quedará mejor, tanto en su tono de cabello como en su tono de piel". Mariana: le respondió ofendida, - “no es para mi novio” - frunciendo el entrecejo, aclaró -”Además, ¿quién se ha creído usted para hablarme así?". Desconocido: aturdido por su insolencia, iba a responder cuando se fijó en la señora sonriente que estaba parada al lado de la señorita, pareciera que se estaba entreteniendo con nuestras actitudes, con la mejor de mis sonrisas, volví a mirar a la joven y aclaró, - “perdone usted señorita, pero creo que la primera persona que empezó hablar ha sido usted, yo simplemente me estaba probando la chaqueta y no creo haberle pedido opinión ni a usted, ni a nadie, ¿o quizá le dije que me diera su opinión?". Elba se divertía con esos dos, en su mente decía -“¡qué hombre más interesante! Esta muchacha está loca si no aprovecha la situación". Mariana: dijo molesta y con ironía - “tiene razón, no pidió mi opinión, fue una sugerencia, mil disculpas caballero por mi comentario, quédesela ya no la necesito, y no tengo nada más que hablar con usted, me retiro". Desconocido: al escucharla levantó las cejas sorprendido, pienso “no estoy acostumbrado a que las mujeres me traten así, por mi entorno es todo lo contrario, estoy acostumbrado a que todas estén pendiente de mí”. Mariana: sin prestarle atención, me agachó para recoger las bolsas de compras, levanto la vista y veo Elba sonriendo a aquel idiota, salí del local molesta. Elba: le grito - “espérame” Desconocido: “hasta luego, señorita”, - pronuncio pero ella no voltio a verme y prosigo a girar la mirada hacia la señora sonriente, - “hasta luego señora, que tenga usted una feliz Navidad”. Elba: me despido este hombre tan guapo, toda boba le dedico una sonrisa encantadora, recoge el resto de las bolsas que quedaban y salí apurada detrás de ella. Mariana: ya en la calle me detengo para esperar a Elba que viene con una sonrisa de par en par, con un tono de voz pesada, dice -“Elba, ¿se puede saber de qué hablabas con ese hombre?”. Elba: con voz divertida - “hay mi niña, qué hombresote tan atractivo y educado, ¡mmm! con uno hombre así no sabes las cosas que yo sería capaz de hacer, eso sí, con treinta años menos”. Mariana: sorprendida por sus ocurrencias, dice - “¡Elba! por dios, no puedo creer lo que mis oídos escuchan”. Las dos comenzaron a reír como dos locas en medio de la calle, entre risas llegaron al coche, guardaron las bolsas, fueron a sitio de comida rápida a comer y divertidas de sus anécdotas, se disponen a regresar a casa.
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