Coby ingresó en la tienda para recoger el pastel de su madre, cumplía años y quería sorprenderle. Kiki llevaría el regalo de los dos, papá el vino y las flores, la tía Helen la cena, su cocina era exquisita. En ese momento Nita le entregaba la bella caja del pastel mientras el observaba la decoración. Se acercó al mostrador para entregar su recibo.
-Denme unos minutos, ya llamo a la encargada de las entregas-.
Esperó varios segundos, una chica a quien reconocía se acercaba con una gran caja en sus manos. Coby miró el pastel fascinado.
-Me encanta…quedó perfecto, no sabias que trabajabas aquí-.
-Hola Coby que gusto verte, llevo cuatro meses trabajando aquí, me gusta este lugar-. Su sonrisa era algo tímida.
-Es casi la hora del almuerzo, te invito-.
-Vaya… justo llegó mi turno, dispongo de una hora y media-.
-Entonces invito yo-. Nita fue por sus cosas, al cabo de unos minutos se acercó a Coby para tocar su hombro quien miraba la gran vidriera llena de pasteles, salieron de la pastelería para cruzar la calle, tres cuadras más allá estaba el restaurante, una chica les daba la bienvenida e invitaba a tomar lugar en una mesa junto a un ventanal lleno de flores. la chica que les atendió extendía la carta ante ellos.
Coby y Nita coincidieron en los mismos gustos. Platicaron por varios minutos entre risas y bromas. Coby acomodaba su mechón de cabello con delicadeza, en aquel momento se miraron, era inevitable para ella, le gustaba y atraía desde que eran chicos. Coby se acercó a sus labios en aquel momento, se dieron un beso sutil y tierno, para luego por varios segundos mirarse fijamente, Coby se sintió algo extraño dentro de sí, cosa que disipó…era solo Nita y un beso, ni que ella fuera a creerse que por eso eran novios o peor…prometidos…solo era un gusto y nada más. Nita por el contrario se sentía feliz y emocionada… ¿Significaba que ella le gustaba? La pregunta quedaba flotando en el aire.
-Recuerda que hoy partiremos pastel, cerca de las diez de la noche, a mamá le gusta apagar las velitas en punto de las diez-.
-Estaré media hora antes, espero que Kiki llegue a tiempo-.
-Tendrá un evento de cinco a nueve, creo que llegará volando, de lo contrario mi madre es capaz de lanzarle algún plato volador-.
-Que susto-.
Se acercó a ella rozando sus mejillas. -ella es de esas suegras algo egocéntricas, posesivas y celosas.-. Le besó y ella sentía que se desmayaba ante la posibilidad de ser su novia ¿Eso es lo que pretendía decirle o solo era broma? Su mente le dijo que se relajara y no se hiciera preguntas en ese momento, la felicidad le hizo sentirse por las nubes.
Pero con muchas preguntas…le besaba por algo…era notorio.
Kiki giraba de un lado a otro atenta a todos los detalles, las modelos salían y venían, los maquilladores corrían de un lado a otro, sus piernas estaban cansadas y adoloridas, su estómago emitía pequeños ruidos, el reloj marcaba las ocho y quince minutos. La señora Pelton ayudaba a ir colocando las piezas utilizadas en sus respectivas cajas, los demás empleados colocaban los vestidos en sus bolsas y zapatos en sus estuches, aún quedaban dos rondas del desfile.
-Kiki nosotras terminaremos de arreglar todo, de hecho, ya tenemos más de la mitad en orden, hoy es el cumpleaños de tu madre, puedes irte en quince minutos, debes llegar a tiempo, de lo contrario…-.
- “De lo contario lanzará algún plato”-. Las voces se unieron en coro, la señora Pelton, Mía, Kiki y Estela la estilista se miraron por unos segundos, para dejar escapar una sonrisa.
Marga llegó a ellas en aquel momento.
-Creo que anunciarán mi salida, por favor muevan las manos…Cuando tengan su tiempo libre pueden continuar su reunión, Kiki trae mis joyas y pide que me retoquen-. Miraba su imagen en el espejo, la estilista llegaba a prisa, las joyas eran traídas y después de varios minutos, Marga se colocaba en pie, esbozando una amplia sonrisa…caminaba en dirección a la pasarela ante el estallido de aplausos en todo el recinto.
Fred le sorprendía con un gran ramo de rosas rojas, Marga le miró con algo de molestia, pero lo disimuló muy bien. Los fotógrafos la rodeaban y las preguntas llovían de todos lados, ella vivía su espléndida y gran noche.
Abordaba el taxi con rumbo a su casa, llegaría a tiempo para cantar el feliz cumpleaños a su madre.
Al llegar tomó los paquetes, el bolso y la pequeña caja que con tanto cuidado había envuelto.
Al entrar se quedó muda, todos estaban en el comedor esperando que Keili saliera de la habitación.
-Papá… me alegra verte, no has respondido mis llamadas-.
-Hola cariño, perdóname…estuve de viaje cerrando un negocio, la señal estaba algo mal, pero prometo que en la semana los llevaré a cenar a todos-.
-Vaya señor Armand es una oferta tentativa-.
-Oye Kiki…estamos esperando a tu madre para cantarle, y así poder partir el pastel-. Su padre levantó las cejas, señal que Kiki entendió.
-Voy por ella-. Kiki caminó por el amplio pasillo doblando a la derecha tocó en la puerta y esperó.
Su madre abrió mientras se colocaba sus aretes.
-Kiki no te quedes mirándome, ayúdame…-. Daba la vuelta para que le acomodara el collar.
-Mamá se hace tarde…debemos apagar las velas-. Kiki miraba su reloj. Keili tomó la copa y se dirigió al comedor.
-Mamá…ven rápido, debemos cantar y apagar las velas…además no entiendo porque tantas joyas hoy, no vamos a salir mamá-.
-No tengo prisa, me da igual la hora, quise lucir hermosa para las fotos familiares-. Al llegar al salón miró directamente a su esposo…-Armand abre la botella de vino ¿Kiki cuál es tu regalo? Me gustaría verlo…-.
Kiki fruncía sus cejas, su madre era impaciente e interesada.
Keili recibía de manos de Armand una gran caja roja con una cinta dorada.
Ella abrió el paquete con algo de ansiedad. Un vestido con su bolso y zapatos a tono. En otro pequeño estuche, pulsera de oro con pedrería roja que resaltaban, era una hermosa pieza. Quizás le había costado toda una fortuna…poco le importaba saber el costo en ese instante, aunque después se enteraría, el detalle era el valor de aquel regalo. Le besó en los labios mientras sonreía triunfal, al menos el presente daba a entender que Armand quería pasar la hoja.
La noche transcurrió entre bromas, pequeñas anécdotas que su padre les narró de fechas pasadas, el pastel fue devorado por todos, menos por Kiki quien pensó que era demasiado para irse a dormir, tomaría un vaso de yogurt con cereal, le gustaba cuidarse mucho, era coqueta, no lo negaba.
Su madre continuó abriendo regalos y dándole rienda suelta a las cosas que deseaba para el próximo cumpleaños.
-Mamá… ¿Piensas que tenemos un banco aquí en casa? -.
-No seas tonta Kiki…bien podrías darme algo más, tu salario no es nada despreciable, te la pasas ahorrando, ni que pensaras comprarte una mansión…tu madre es primero…-.
-Vamos a brindar por todos, el pollo está delicioso, creo que tu querida hermana se lució…
Helen intervino para desviar el tema de dinero -. Armand que amable de tu parte, es una nueva receta-. Helen colocaba la ensaladera en el centro del comedor, los platos fueron acomodados en cada puesto, Nita le entregó su regalo a la señora Keili, era un chal de seda con un bordado de cerezos.
-Que hermoso bordado asumo que lo hizo tu madre, es una costurera medianamente buena, tendré que visitarla para que me realice unos arreglos, cambiar unos cierres y tinturarme algunas prendas-.
-En realidad los bordé yo…pero con gusto mi madre arreglará las prendas-.
-Lo bordaste tu misma-. Revisaba minuciosamente el bordado, mientras le daba dos palmadas en su hombro.
-Es una cualidad que deberías cultivar, una buena chica para un afortunado chico-.
Nita se sintió elogiada. Coby cortaba el tema en seco, era mejor dejar la conversación de costura, todos querían comer.
Kiki le entregó un sobre azul con una hermosa tarjeta y dinero dentro de ella.
-Kiki…me hubiera gustado que me dieras algo más…-.
-Salud, por la cumpleañera y que cumpla muchos años más-.
Todos alzaron sus copas, era un incómodo momento en una incómoda casa, Nita se sentía con deseos de salir corriendo. Coby le pedía en ese momento que le acompañara a buscar un vino.
Al subir las escaleras con rumbo a la terraza, le besaba y acariciaba su cuello, ella se entregó a sus besos olvidando la incómoda realidad.
Coby desataba el lazo del vestido atado a su cuello.
-Puedes quedarte esta noche si gustas…Kiki te dará un espacio en su habitación y de esa manera podemos beber unos vinos-.
-No puedo…mi madre me espera… además no somos novios, tendrías que pedir la entrada en mi casa-. Se ataba el lazo del vestido a su cuello. Coby decidió subir por el vino mientras que Nita regresaba al comedor ¿Entonces era solo diversión lo que Coby buscaba? Trató de disimular su abrumante decepción.