Capítulo 7 Cargas Y Deberes

1539 Palabras
En punto de las cinco de la mañana Helen preparaba una buena taza de café y se disponía a leer el periódico, de hecho, no había dormido nada bien pues estuvo limpiando en casa de su hermana dejando todo en orden hasta entrada la madrugada. Keili era muy afortunada en la vida, quizás no se daba cuenta por tener siempre todo a la mano. De hecho, Armand era un esposo magnifico. Ella se quedó meditando por segundos en esas palabras… -Armand un excelente esposo…-. El motivo por el cual Keili y Armand estaban distanciados era todo un misterio, la vaga posibilidad de una tercera persona en la escena cobraba fuerza, solo que eran rumores y conjeturas, en unos días vendrían los suegros de Keili y ya se imaginaba la escena, la señora Nora y el señor Neo parecían buenas personas, pero desde la separación Nora había tomado distancia de su hermana. Algo debía saber, pero nadie se atrevía a tocar el tema. Terminaba la taza de café y tiraba el periódico sobre la mesita del costado, se iría a vestir y abrir su tienda. Por suerte no sufría de mal de amores porque nadie la miraba, su hermana Keili le gastaba bromas ante su soltería manifiesta a todos, no le importaba en lo más mínimo, ridiculizarla era su propósito, algo que no lograba con éxito. Últimamente un curioso hecho había estado llamando su atención, una extraña mujer rondaba por la zona, podía casi asegurar que le había visto entrar en la propiedad, podía casi asegurar que estaba relacionada con alguien de la familia, pero no tenía pruebas concretas para afirmarlo como cierto. Sospechosas cosas estaban sucediendo y no lograba encontrar las piezas de aquel rompecabezas. Por otro lado, había notado miradas entre Nita y Coby. Pero temía que su sobrino solo estuviera jugando con la chica, ella era frágil y podía terminar muy lacerada, las heridas del corazón sí que eran difíciles de sanar, y ella podía decirlo con propiedad. Nadie podía imaginar el profundo dolor del desamor. Kiki despertó sobresaltada. Tenía que ir a trabajar, aunque por ella se quedaría en casa durmiendo todo el día, el sueño era como una pesada carga sobre sus ojos, le quedaba media hora aun para dormir, se escondía debajo de las abrigadas cobijas para cerrar sus ojos y entregarse al descanso. La señora Pelton le había dejado un mensaje que le daría una mano adelantando varias cosas, así que podría llegar una hora después de lo habitual. Marga llegaría cerca del mediodía con todas las revistas en mano donde su imagen estuviera, revisaría una por una minuciosamente. En aquel momento Coby ingresaba en la habitación de Kiki lanzándose en la cama. -Despierta perezosa hoy estás con suerte, te llevaré al trabajo, debo ir por la misma ruta-. -Déjame dormir, tengo sueño-. -Iré a hacer el desayuno levántate-. Su hermano jugaba a tirar de sus pies. -Mamá ya despertó y vendrá a romper tu nube de sueños-. Coby se marchó en dirección a la cocina para preparar velozmente el desayuno. La puerta se abría. -Coby por Dios…será posible que me dejes en paz-. Lanzaba uno de sus cojines con fuerza. -Que humor tan terrible…Kiki necesito pedirte un favor-. -Mamá…perdón no sabía que entrarías en la habitación de improvisto como costumbre …dice muy claro en el cartel “Tocar antes de entrar” en fin ¿Que pasa mamá? -. -Necesito que este fin de semana recibas a los abuelos, vendrán por el aniversario de bodas, necesito que arregles todo, ya sabes una cena especial, flores y músicos…y el regalo-. - ¿Estamos hablando de tu suegra que es mi abuela? Haz también alguna tarea, no tengo tiempo suficiente, de hecho; me iré a bañar, vestiré veloz y me marcharé a trabajar, habla con Coby y papá que te den una mano, ayuda Keili…unión familiar… ¿No crees? -. -Estaré ocupada en unos asuntos, hoy tengo que salir, y mañana tengo asuntos pendientes, me encargaré de hacer el pedido de las flores, la experta en adornar y todo lo demás eres tú…-. -Eres una mujer llena de misterios, asuntos importantes que requieren toda tu atención… ¡Hola! tierra a Keili… ¿Hay alguien ahí? -. -No te pases de lista Kiki, mientras vivas en mi casa, es mejor que tengas presente que soy tu madre…que no tenga que repetirte el mismo asunto…-. Salía dando un portazo en seco. -Qué mujer…que genio que se trae tan temprano… ¿Su casa? Pensé que era nuestra casa familiar, casa de todos-. Se apresuró para alistarse, los gritos de su hermano llegaron a ella, en cinco minutos estaría servido. Respiró profundo para tomar aliento y alistarse para afrontar el nuevo día. Alan extraía la taza de la máquina de café mientras que revisaba el periódico del día. Se acercaba a su terracita para regar sus plantas y hablar con ellas, su tía Molly le había enseñado desde pequeño a colocarle nombres y hablar con ellas con regularidad. -Floren, hoy estás más hermosa que ayer…todos los días te repito lo mismo, pero créeme…es verdad, no es solo por aludirte, aunque sé que te gusta…No tengo una chica que visite en las mañanas nuestro hogar y te riegue…ni modo-. Le limpiaba con un paño especial que tenía para sus plantas, sonó un pequeño timbre lo cual indicaba que alguien quería ingresar en la propiedad. Alan se había independizado de sus padres al cumplir la mayoría de edad, se lo habían permitido sin mayor obstáculo, la única exigencia era mantener sus excelentes calificaciones. Jamás hubo una queja sobre su comportamiento, todo lo contrario; Eran elogiados por haberse destacado como el mejor de su clase. Graduado con honores era el orgullo de sus padres. Poseía un carácter firme, era amable, directo para decir las cosas, no tenía poses de divo millonario, aunque era un hombre de una belleza que resaltaba a la vista, no prestaba atención en lo más mínimo a esos pormenores como el solía catalogarlos. Las chicas suspiraban cuando le veían, no se le conocía algún amorío o novia formal, cero vicios y hogareño lo ponderaban como candidato a un matrimonio exitoso, eso solía decir su madre. Poco o nada salía algún bar. Su mejor amigo Carter era de su círculo más íntimo, aparte de la excelente relación con su hermana. Con Lenin el asistente de su padre había cultivado una buena amistad años atrás, cinco para ser exactos, era solo tres años mayor que Alan. Y como algo extraño para sus padres, su asistente la señora Minie era su amiga y consejera. Francis sentía algo de celos al respecto de tanto en tanto, era increíble que su hijo confiara más en una señora que era completamente una extraña, pero, en fin, tampoco era para colocar el grito en el cielo. Vivía en Harleston Village, el edificio era de tres pisos y seis departamentos ampliamente confortables, la remodelación le había tomado varios meses, pero bien valió totalmente el cambio que realizó, de costado se apreciaba el amplio balcón y al fondo la bella terraza totalmente colorida por las hermosas plantas, el sitio era rodeado de árboles y mucha naturaleza. Alan abría la puerta quedándose estático completamente. -Valió la pena esperar que accedieras a recibirme-. -Buenos días Kamil…no me dirás que hiciste el viaje desde tu casa aquí solo por una taza de café-. Cerraba la puerta, en la noche daría la orden en recepción que no le dejaran pasar, ese juego de presentarse como su prometida era su estrategia. -Tengo un gran problema, por eso vine a verte-. - ¿Y que podría eso tan terrible? No quiero imaginar que la estilista renunció…o tu asistente…tus combinaciones no logran los tonos del vestuario, si es algo más o menos parecido tiene arreglo, esas cosas tienen arreglo-. -Es mucho peor…descubrí que tendré que ir a Rio de Janeiro y de ahí iremos a España-. Le miró con desesperación. -Y eso es…-. Sus manos se movieron en círculos. -Es un caos, me atrasaré en mis clases, tendré que cuidar mi piel el doble y de paso no poder verte-. -Es un alivio, te aburrirías si continúas visitando la empresa, tengo mucho que hacer, así es el mundo de los adultos, ya sabes…cargas, deberes, responsabilidades, compromisos…-. Ella se lanzó sobre su cuello -Que bonita palabra que acabas de traer a colación…compromiso. Yo me comprometo, tú te comprometes…-. -Ellos nos comprometen…No somos nosotros en realidad, éramos niños Kamil…y déjame decirte que eres buena para conjugar el verbo compromiso…te sale de maravilla-. Lanzó una risa traviesa, al tiempo que sacudía su cabeza con ese donaire tan suyo. - Armar palabras no es un gran trabajo, ni que conjugar un verbo fuera algo difícil…-. - Bien, entonces hazlo con el verbo cancelar…-. -Ah… ¿Cancelar? -. -Hazlo…-. Las manos de Kamil se movían en direcciones sin sentido. -Yo cancelo…Tú cancelas…-. Se quedó en silencio. -Me saltaré un poco…Nosotros cancelamos, ellos cancelan…perfecto como quería escucharlo, toma nota-. -Pero… ¿Qué es lo que cancelamos? -. Preguntaba Kamil. -Cancelamos un compromiso de madres toxicas que planean negocios con las vidas de sus hijos…algo sumamente terrible-. -Pero yo te amo y tú me amas, y ellos me aman, mis queridos y futuros suegros-. Kamil encogió sus hombros con gracia.
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