CAPÍTULO XVII

1283 Palabras

Las manos de Mike no se despegaron de mi cintura. Poco a poco, el muchacho se había hecho con mi cuerpo en mitad de aquel baile, atrayéndome hacia sí mismo para que no hubiera entre nosotros ni un milímetro de separación. Podía verme reflejada en sus pupilas. Quizás las suyas estaban un poco más dilatadas que las mías. El olor afrutado de su aliento me hacía entender que había estado bebiendo en exceso, pero, por suerte, no parecía torpe en sus movimientos. Estaba claro que si había logrado ser el centro de atención en esa fiesta era gracias a la sinvergüencería del alcohol. Ninguno de los dos estábamos plenamente ebrios. Éramos casi dueños de nuestros actos, pero se debe admitir que las propiedades de esta dichosa bebida te animan a hacer cosas que, estando bajo tus cabales, no se te

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