Una semana más tarde, Cristóbal, Verónica y Daniela se mudan a su nuevo hogar, un hermoso penthouse en un edificio en el barrio alto de la ciudad. Daniela no quiere vivir en una casa, quiere departamento, porque, según ella, “allí no llegan los señores malos como en la casa donde vivían”. ―¿Te gusta? ―le pregunta el padre a su hija. ―Está muy lindo, ¿cuál es mi habitación? ―Aquí está, tal como la pediste ―le dice al entrar a uno de los cuartos bellamente decorado con princesas de cuento. ―¡Esta muy linda! ―exclama la niña emocionada saltando a los brazos de su padre. Cristóbal besa a su hija, le encanta tenerla así, besarla, sentir su olorcito a bebé, sus pequeños bracitos alrededor de su cuello, sus besos que parecen mariposas que se posan en sus mejillas. Todo de ella le gusta y

