Rogelio mira a Claudia dormir, lleva más de dos horas durmiendo y es suficiente, él no da ese tiempo para descansar a sus sumisas. Pero no quiere despertarla, se ve muy bien, parece tan tranquila. Claro que esa tranquilidad le durará muy poco. Mira su reloj, son las nueve y media. Se supone que hace horas debieron llegar con las mujeres, por más que llama a sus hombres, nadie contesta, espera que no hayan fracasado en su misión, de otro modo, lo pagarán muy caro. ―Rogelio, ¿desde hace cuánto me miras parado ahí? ―consulta Claudia somnolienta. ―Hace un rato ―contesta él simplemente. ―¿Pasa algo? ―Nada. ―¿Qué hora es? ―Las nueve y media. ―¿Qué te pasa? ―Nada, ―¿Seguro? Apenas hablas y pareces enojado. ―Nada, Claudia, no pasa nada. Claudia se sienta en la cama y sube el ed

