Capitulo 10

865 Palabras
La primavera había llegado en Europa y esos paisajes que parecían ser pintados por una persona de gustos delicados no se hacía esperar. En las calles de lisboa aquella hermosa cuidad portuguesa dónde paseaban dos hermanos mientras conversaban de temas sin sentido alguno cosa que siempre hacían. — No pareces ser un imperio hermano.— comento el portugués mientras miraba a su hermano al que jamás le ocultaba nada. — Lo dice el de gustos extraños...— respondió de inmediato sin temer ningún segundo el español y aquello solo provocaba algo de molestia en el portugués. — En verdad no tienes remedio.— arrugaban ligeramente el ceño mientras decía aquello. Por lo tanto aquel español no le prestó ninguna atención ya que miraba la carta que anteriormente le había entregado un europeo que deseaba mantener como un secreto. Cuando noto que el portugués comenzaba a dirigir su mirada en el guardo de inmediato aquella carta en su abrigo de esa forma no vería aquella carta, para luego ver a alguna otra parte evitando de nueva cuenta los sermones de ese portugués. Que día a día jamás lograban cambiar siendo exactamente igual que la primera vez, era casi una rutina para ambos hermanos que hacían sin darse cuenta.  **inserte separador random** Y de regreso a nuestro tiempo se podía respirar un aire de nerviosismo de parte del portugués. Ahora era el prometido día en el cual Portugal sería sincero con su cabeza pero no con su corazón;Decir que Italia era a quien amaba. — Solo son dos palabras nada malo pasará.—Comento el portugués mientras se miraba al espejo aún sin salir de casa. Mientras seguia manteniendo la vista en el mencionando espejo mientras notaba que poco a poco la hora de ir a la casa del británico cosa que aumentaba considerablemente su nerviosismo. Por lo tanto para no seguirlos aumentado se alejo para irse a la cocina para buscar algo de beber encontrando casi al instante una pequeña caja de té. Una sonrisa apareció en su rostro al recordar cómo había llegado aquel te a su cocina siendo un regalo del británico a su querido amigo. — Eres un tonto...— comentaba con ligero brillo en sus pupilas mientras tomaba con su mano aquella pequeña cajita, sacando en si el contenido de esta. A su cabeza solo venían recuerdos que en su momento habían Sido felices... Habían causado tanta alegría que era difícil de describir pero siempre los había vivido a la lado de aquel amigo. Movió con fuerza su cabeza en signo de negación no quería siquiera recordar todo aquello que vivió. Preparo el agua para de esa forma preparar un té que no necesitaba mucha ciencia en hacer solo era hacer pasos sencillos pero complicados si deseaba hacer uno de sabor especial. Pero en aquel momento lo que menos deseaba era uno de sabor especial ya que solo necesitaba calmarse un poco y aquel té serviría demasiado para hacerlo. Pero aquel cómodo silencio se vio interrumpido por el sonido de la puerta que era abierta de manera bruzca, sacándole de inmediato de sus pensamientos. — ¡Un ladrón!— fue lo que atino a exclamar para tomar lo primero que miro que serviría como arma. Ahora con aquella cuchara y una taza que fue lo primero que encontró en cuestión de segundos además si lo encontraba peligroso podía lanzar la taza y salir corriendo. Era un gran plan que estaba asegurado que no fallaría para nada, así que sin más salió de la cocina esperando que solo fuera su imaginación para luego comprobar que efectivamente alguien había entrado. La puerta estaba abierta y habían dos bolsas en un mueble, claramente no había dejado nada ahí antes de que entrara ese ladrón al que no le a visto la cara todavía. —Es un ladrón cobarde...— Mormuro para de cualquier forma cerrar la puerta y comenzar a buscar, pero su búsqueda se vio interrumpida ya que al momento de girarse vio al español. Aquello lo tomo por sorpresa tanto que había tirado aquella taza dónde iba poner su té para los nervios. — ¡¿España?!— Pregunto confundido no esperaba verle y mucho menos que entrara a su casa a si, sin tocar la puerta como las personas normales lo hacían. El nombrado simplemente ignoraba el rostro de confuncíon del portugués para tomar las bolsas que había dejado en el mueble y dirigirse a la cocina. — Eso no responde mi pregunta..— fue lo último que menciono para tomar los trozos grandes de aquella taza que se roto por completo. Cuando comenzó a limpiar volvió a escuchar al español quien está vez se acercaba en son de paz, si bueno después de asustar al portugués era lo que menos se esperaba. — Perdón por asustarte.— se disculpo el español ayudando al portugués en limpiar aquello que había provocado indirectamente al asustar a Portugal. Después de eso ambos se sumieron en un silencio que en lugar de parecer incómodo era más exactamente uno perfectamente cómodo que ambos podían disfrutar, uno podía pensar en lo que le diría a Reino Unido y el otro sobre cómo saldría su amada lasaña.
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