capitulo 9

859 Palabras
Los días eran comenzado a contarse se acercaba la fecha para que ambos europeos de nueva cuenta lograrán verse como siempre pasaba. Si la ansiedad fuera contada por unidad monetaria ambos reunirían una inmensa fortuna, que sería mayor que la cantidad de seres vivos en la tierra u incluso las propias galaxias quedaban cortas. En verdad no era exagerar... El británico por la misma ansiedad había terminado por volverse fiel adicto al dulce sabor del té; en ese momento era lo único que le calmaba pero ahora ya no. Mientras que el portugués no paraba de plantar flores bajo el fiel pensamiento de que cada vez que pasaba en el, debía plantar una flor. Apenas sus miradas se cruzaban se podía contemplar que en sus pupilas había un brillo de verdadera alegría por ver a su contraparte. Siempre era algo que se podía ver, un sentimiento que sin dudar era mutuo se podía ver en qué no contenían su emoción al verse. Ya que el británico abrazaba con gran amor y anhelo de jamás soltar al portugués mientras que el mencionado siempre reflejaba una sonrisa también repetía una y otra vez las mismas palabras que llenaban de alegría el corazón del británico. — ¿Tal vez sea amor?— Siempre eran las mismas palabras que pronunciaba el de menor estatura para que luego fuera callado de manera algo cómica por su contrario. — Tal vez es mutuo.— Respondía el británico para que de inmediato llevará un pastelito a los labios de su amado, aquellos labios que jamás tocará. El cual gustuso jamás se quejaba por aquella acción al contrario le daba tanta alegría que en sus mejillas se veían reflejada aquel sonrojo. Esas mejillas que siempre aumentaban de color con cada palabra que fuera del otro, pero se debía admitir que las caricias jamás faltaban en esa considerable amistad. Así le llamaban amistad, ambos eran amigos y así sería siempre ya que ninguno daba el paso para cambiar el paso o avanzar más allá de lo permitido. Tal vez por miedo de ser rechazado nuevamente ninguno decía alguna palabra de sus sentimientos o daba indicios de intentarlo. — ¿La vez?— Menciono el portugués quien se escondia detrás de un muro, mientras que en sus manos llevaba una carta que su contenido era simplemente desconocido. El británico no respondió en ese momento con palabras pero si con asentir con su cabeza mientras se acercaba a su amigo portugués. —Aun sigo sin comprender como llegamos a esto.— mormuro el británico mientras seguía cumpliendo su rol en aquel momento de vigilar que Grecia no se alejara. Tal vez por los nervios o para volver menos intenso aquel momento el portugués simplemente le dedicó una sonrisa manteniendo aquellos ojos brillantes. Solo eso necesitaba el corazón del británico para volverse loco de inmediato y comenzar a latir con tanta intensidad, notandose casi de inmediato por las mejillas que comenzaban a tornarse de un color rojizo. — Eres mi mejor amigo.— esas palabras de nueva cuenta hicieron que dos corazones dejarán de latir para regresarlos a la fría y deprimente realidad. —Por supuesto.—Contesto— así que vamos ve y dile lo que sientes. Fueron las palabras que sirvieron de aliento para que el portugués finalmente se acercará a la europea y confesara sus sentimientos mientras que Reino Unido miraría de lejos para darle ánimo. Era casi lo mismo que había pasado a la vez anterior que lo intento hacer siempre era el mismo resultado y las mismas consecuencias, una y otra vez. Ser rechazado por quien crees amar y ser consolado por aquella persona que reprime sus sentimientos para no gritar los al cielo. No importaba quien fuera quien declarará su amor hacia otro país, siempre era el mismo resultado. Y con eso ocultaban más, cada día, lo que sentían por miedo a ser rechazado nuevamente pero ahora podían ser otras consecuencias... Perder a un mejor amigo. ¿Quien te hará sonreír? Si el ya no estaba... ¿Prefieres perder un amigo o ocultarlo? Pues ambos escogieron ocultarlo y las consecuencias no se hicieron venir. —Me casare con francia.— comento con una gran alegría el británico mientras reprimía el asco que le provocaba casarse con alguien que no ama. Las lágrimas por parte del contrario no se hicieron esperar ni un segundo más... Con gran dolor en su corazón comenzó a sonreír para fingir que gran alegría le provocaba lo que estaba por suceder, cuando en realidad solo le daba ganas de llorar y gritar. — Me alegro en verdad... Aquella sonrisa hizo pensar al británico que tal vez a su amigo no le importaba lo que el sentía en aquel momento pero esto fue contestado casi de inmediato por los cálidos brazos del portugués. Para luego inundarse en un silencio para luego corresponder aquel abrazo que deseaba que jamás terminará. No quería alejarse de su amado amigo Portugal y tampoco deseaba casarse con aquella francesa. Mientras que Portugal no paraba de regañarse una y otra vez por el hecho de jamás confesar en el momento lo que sentía. Ahora solo quedaba aceptar...este destino.
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