Narra Elena Me volví a recostar, mi cuerpo débil me lo pidió… No dormí. O tal vez sí, pero fue uno de esos sueños rotos, llenos de imágenes inconexas, nombres que no quería recordar y rostros que se mezclaban entre sí. Cada vez que cerraba los ojos veía a mi padre con otro nombre. A mi madre con otro vestido casada con alguien que no era mi padre. A Valen… observándome como si supiera exactamente en qué punto iba a quebrarme. Cuando amaneció —o eso supuse por la luz que se filtraba entre las cortinas—, mi cuerpo estaba agotado, pero mi mente seguía despierta. La bandeja seguía intacta sobre la mesa, mi estómago despertó y me acerqué despacio, no porque tuviera miedo… sino porque aceptar la comida era aceptar algo más. Mi orgullo me impedía muchas cosas, entre esas… Aceptar que dependía

