Narra Elena El silencio me estaba volviendo loca, no era el silencio absoluto, sino ese otro, el que deja espacio para pensar. Para recordar, para unir cosas que antes estaban sueltas y ahora… ahora empezaban a doler. Cerré los ojos y, sin querer, los recuerdos llegaron. No eran grandes escenas, no eran gritos ni secretos revelados. Eran detalles, como aquella vez que desperté y mi cuarto ya no era mi cuarto. Tenía ocho años. Me habían dicho que nos mudábamos por el trabajo de papá. Así, de un día para otro. Mi colegio, mis amigas, mis rutinas… todo empacado en cajas sin despedidas largas. Recuerdo a mi madre caminando de un lado a otro con el teléfono en la mano, nerviosa. Recuerdo a mi padre hablando en voz baja en el despacho, con alguien que no veía. —Todo está bajo control —decí

