Isabella quería quedarse en su habitación, pues no esperaba ser requerida por el rey, sabía que la presencia de Alondra sólo le traería problemas y castigos sin fundamentos, pero no podía hacerle la grosería de no bajar a saludar y mostrar su respeto hacia la futura reina. Vladimir se preparó lo más rápido que pudo para recibir a su prometida, pues debía portarse a la altura hasta tener una solución a su problema. — Isabella, no deberías estar aquí — replicó el rey — Su majestad, es que pronto se casará y no puedo vivir encerrada por el resto de mi vida — respondió ella — Lo sé, pero al menos hasta que me case, no quiero que te expongas a los malos tratos — No se preocupe, en cuanto suceda algo, me castiga como siempre y asunto arreglado. Vladimir sonrió al escuchar ésto, Isabella d

