Brielle —Quiero hablar con tu padre. Deslicé una de las camisetas de Pierce por mi cuerpo y lo miré para comprobar si lo que acababa de decir iba en serio. —¿Qué te parece? Sí, sí iba en serio. —¿Acaso le pedirás su bendición como en los tiempos prehistóricos? —pregunté divertida. Me alejé hacia la puerta pero él me subió de un movimiento sobre su hombro sacándome una risa. Estando en la cocina, Pierce me dejó sentada sobre la isla mientras ponía a calentar la comida. —¿Lo dices de verdad? —Por supuesto. Se acercó y apoyó sus manos a cada lado de mis piernas. —Debe odiarme, tengo que dar la cara y hablar con él. —Puedes intentarlo, si no te mata primero —acaricié su cabello—. ¿Sabes que tiene una colección de armas antiguas en su oficina? El vendedor le dijo que aún funcionaban
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