Brielle Mientras las manos de Pierce recorrían mi cuerpo y su boca se fundía con la mía en un beso extenso, solo podía pensar en cuánto necesitaba aquello. Y no hablo solo de la cercanía física, sino también de la certeza de que él me quería con la misma intensidad. Y lo había dejado en claro tras haber hecho aquello para poder estar conmigo. Y en esas palabras que aún rondaban por mi mente, alterando mis latidos. Pierce finalmente era mío. La cena pasó a segundo plano cuando nos encaminamos hacia su habitación, tomándonos nuestro tiempo, deteniéndonos cada algunos pasos para volver a besarnos. Dentro, me abrazó por detrás rodeando mi vientre con uno de sus fuertes brazos y con el otro hizo mi cabello a un lado, dejando un beso sobre mi cuello. —¿Lo sientes, Brielle? —su voz ronca e

