Brielle Mierda. Mierda. Mierda. Eso se repetía una y otra vez en mis pensamientos mientras prácticamente corría entre los pocos estudiantes que quedaban en los corredores de Worthington, sabiendo que estaba dos minutos tarde pero eran dos minutos de la clase de Pierce. Y eso solo podía significar una cosa. Me había despertado a tiempo, incluso papá tocó a mi puerta para que bajara a desayunar, solo cerré mis ojos cinco minutos y fueron suficientes para hacerme llegar tarde. Lo peor de todo, es que tampoco tenía tiempo para buscar el trabajo que debía entregar porque me lo había olvidado en casa de Pierce. Le envié mensaje tras mensaje pero no revisé el móvil porque estaba conduciendo hacia Worthington, interiormente rezaba para que los hubiera visto. Cuando llegué frente a su puer

