Capítulo 8 mi destino no es el amor.

1303 Palabras
Narra Arthur. Hoy en la junta vi un poco nerviosa a mi asistente por la manera en que la vio el sr. Taylor, él decía no conocerla, pero después de la junta vi que la estaba molestando, me acerqué a ellos y él dijo que la quería conocer, algo que no me dio buena espina, ella y yo hablamos, y me dijo que fue su novio, quise indagar más, Annel no quiso decir más, y la respeto. Ya era la hora de la comida, salgo a descansar un momento, pero en eso veo a Gilbert entrar a su oficina. - ¿Qué hará ahí? - entro y le hago esa pregunta, pero está decepcionado de que la señorita Maxwell lo rechazó al decir que tenía su cita con su novio, también sentí un poco de decepción. No debería ponerme así. Los dos salimos de su oficina y lo regaño. – Te dije claramente que no la buscaras. No es de esas mujeres que acostumbramos. – digo y me mira un poco molesto. – Ya sé, ya sé. Pero es hermosa y no tenía nada de malo invitarla. – ¿quiere j*****e? – Si lo tiene y mucho. – ahora soy yo el molesto. – Te gusta ¿cierto? – pero ¿Qué demonios? – ¿estás loco? Como te dije, ella es otro tipo de mujer. – yo no soy para ella. – Pero, puedes sentar cabeza con ella. – de plano se volvió loco. – El amor no es para mí y lo sabes muy bien. – desde mi obsesión por Katherine, me prometí a mí mismo no hacerle daño a ninguna otra mujer. Por eso es mejor tener amantes ocasionales. – Veo que el loquero no te ayuda a sanar esa parte. – dice con un tono de burla. – Aun sigo en terapias, ya no como antes, y preferí no tocar ese tema, hasta que estuviese “preparado” y ya han sido 3 años desde que tomo terapias. Porque que nunca lo estaré, mi destino no es el amor. – la verdad no sé pensar. – ¿no sientes nada por tu asistente? – pregunta con curiosidad y antes de que yo responda, se abre la puerta. – Amor, vine por ti a comer. – dice con una sexy sonrisa. – ¡Bárbara, hermosa! – Gilbert la saluda con un beso en la mejilla. – Gilbert, cariño. – ella le corresponde. – Yo me retiro. Nos vemos. – se despide y sale de la oficina. Se acerca a mi pasando sus manos por mi cuello para besarme. Ahí estaba la señorita Maxwell, esperando el ascensor, pero no sube con nosotros puedo imaginar su incomodidad de estar junto a mi novia y más si esta la ignora. Subimos al carro y conduzco hasta llegar a un buen restaurante. Bajamos y una mujer bonita nos atiende, Bárbara la fulmina con la mirada al notar que no dejaba de verme. – Casi no vas a verme, amor. – me reclama de repente. – Te he dicho que tengo mucho trabajo, te prometo que iré esta noche. – Muchas ganas, no tengo. – Está bien. Te tendré una sorpresa. – me giña un ojo y sonrío un poco forzado. Después de comer, la llevé a su departamento y me dirijo al trabajo, estaciono en carro a fuera. Al bajarme me percato que el idiota de Tylor está abrazando a Annel, siento como me hierve la sangre. Escucho que grita que la deje, pero él no le hace caso, así que lo aparto de ella, el idiota grita diciendo que es suya y se larga. Le vuelvo a preguntar que estaba ocurriendo, ella me dijo que era su exnovio, lo que no me dijo fue que la traicionó junto con su mamá, eso sí me sorprendió. Le pedí ir a mi oficina, deseo saber más. Así lo hacemos. – ¿Cómo que su ex y su madre la traicionaron? – pregunto aun sorprendido. – Ellos son amantes desde hace tiempo y apenas hace poco y por eso me decidí a venir a Londres. – dice con cierta tristeza, que hasta ganas me dan de abrazarla. Si ese Tylor es su ex, entonces ¿Quién es el hombre que viene a verla? Bueno de igual forma ella decidió rehacer su vida con alguien más. – No puedo imaginar que tan decepcionada pueda estar de ellos, pero puede confiar en mí. – me mira un poco extrañada, pero asiente. – Muchas gracias, sr. Harrison. – sonríe levemente y sale de mi oficina. ¿Cómo es posible que una mujer tan hermosa, le hayan hecho algo tan bajo como eso? La verdad no lo entiendo. No me quiero ni imaginar cuanto ha estado sufriendo por una traición y más viniendo de su propia madre. Le doy vueltas y vueltas de lo que me contó mi asistente, y veo la propuesta de ese imbécil, y viéndola bien, no me parece muy atractiva, así que le pido a Andrea que me comunique con ese idiota. – ¿Diga? – sólo de escucharlo me molesta. – Sr. Tylor, soy Arthur Harrison. – digo en tono seco. – Dígame. – dice en el mismo tono que yo. Si a esas vamos. – Le hablaba para informarle que no nos interesa su propuesta. – digo y no contesta. – ¿es por Annel? – dice y no sé si reír o golpearlo. – No es por ella, simplemente no suena atractiva su propuesta. – digo y lo escucho bufar. – Es absurdo. Esto no se quedará así. – dice y antes de que yo pueda decir algo, cuelga la llamada. – Imbécil. – digo en voz baja. – ¿Qué ocurre? – entra Annel a mi oficina y me mira sin entender nada. – Nada. – digo sin mirarla. No quiero preocuparla, de ese idiota me encargo yo. – Aquí le traigo estos documentos que debe firmar. – los pone sobre mi escritorio y se va. ¡Dios! ¿Cómo puede existir personas así? No permitiré que le haga daño a Annel, no es más que un pobre imbécil. Ya es hora de la salida y la verdad estoy muy cansado, le pedí a mi mejor amigo que investigue a ese idiota de Tylor, necesito saber más de él, y no descansaré hasta que esté muy lejos de mi empresa y, sobre todo, de mi bella asistente. – Hasta mañana, sr. Harrison. – se despide Andrea. – Hasta mañana. – digo amablemente. Subo al ascensor, hundido en mis pensamientos, que no me di cuenta de que ya estaba en planta baja, salgo y camino hasta la salida del edificio, veo a mi asistente subirse a un carro, su novio, al menos trata de ser feliz, algo que no existe en mi diccionario ni en mi vida. Llego a mi departamento, no tenía ganas de ver a nadie. – Llegaste, amor. – y lo que menos deseaba. – Bárbara. – digo un poco sorprendido. – Como no te vi ganas de ir a mi departamento, decidí venir al tuyo. – se quita el vestido dejando ver una lencería muy sexy color n***o. No lo pienso dos veces y me dejo llevar por su seducción, creo que necesito una sesión como esta, comienza a besarme y me ayuda a quitarme la ropa lentamente. Llegamos a mi habitación, tomo su cintura con mis manos y sin dejar de romper el beso apasionado, nos dejamos caer en la cama quedando ella arriba de mí. Terminamos de quitarnos la ropa y hace que entre en ella, ambos soltamos un gemido. Esto se siente muy bien. El amor no fue hecho para mí. Sé que Isaac no está de acuerdo con la vida que llevo, pero estoy bien así, no deseo hacer más daño del que ya hice.
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