"Soy su esposo", comentó. Me retuerzo por el dolor que siento, como si fuera una oruga. La enfermera comenta: "Vamos", y pronto vamos corriendo hasta llegar a una sala de espera donde hay una camilla. Me pasan a ella con dificultad y yo lloro del dolor. "Me duele, me duele, me duele, me duele", repito una y otra vez. Me muerdo los labios y aprieto los puños mientras siento el sudor recorrer todo mi cuerpo. Muevo las piernas buscando alguna posición cómoda para aliviar lo que siento, pero aquello es insoportable. Creo que ni siquiera él sabe cómo consolarme, porque solo me mira de reojo, y yo lo miro a él. "¿De verdad me hubieras matado?", pregunto nuevamente, y él suspira. "Te dije que era al principio. No planeamos asesinarte, incluso si quedaba embarazada", murmura con dolor, estoy m

