"Hola", murmuré, y me puse de pie. "Prepararé un café", añadí, y él asintió con una sonrisa. Se lo veía tranquilo, y la bebé estaba durmiendo. Cumpliría un mes, y tenía miedo de que... prefería no pensarlo. Al llegar a la cocina, empecé a preparar las tazas de café. Me acerqué a la habitación, donde la bebé se encontraba dormida en su cuna. Tenía un almohadón detrás de ella, porque tenía que estar inclinada 45 grados para evitar que se ahogara y para que la bronquiolitis no empeorara. La teníamos controlada todo el tiempo. Lo bueno era que la casa era enorme, aunque de una sola planta. Mientras tomábamos café en el pasillo, sentados y mirando a la bebé, Emilio comentó, "Tranquila, se va a recuperar". Yo suspiré y respondí, "Eso es lo que quiero", con lágrimas en los ojos, y él me abrazó.

