Camila negó con la cabeza, "Pero yo creo que si hubiera querido matarte, ya lo habría hecho. Ha estado aquí semanas, cuidándote a ti y cuidando a la bebé. Yo creo que te quiere, quizá al principio no…" Di un suspiro y confesé, "Me dijo que al principio sí, pero después no. Tengo miedo, Camila." Ella suspiró, bajando la taza de té. Yo aún no la había tocado, estaba muy triste. "Vamos a hacerte la pregunta más importante," dijo, mirándome directamente a los ojos. No hubo tartamudeo en su voz, su mirada estaba fija en mí. “¿Le amas?”, preguntó. Postura recta, con una sonrisa disimulada en su rostro, dije: "Sí, estoy enamorada de él desde hace mucho tiempo", y suspiré. Camila comentó con una sonrisa, "Entonces ve con él en vez de tomar una taza de té conmigo." Suspiré de nuevo y decidí

