Tomé mi bicicleta y pedaleé casi con los ojos cerrados. Tantas veces había ido a ese lugar, a través del largo bosque, siguiendo un sendero un poco escondido. Finalmente llegué. Arrojé la bicicleta a un costado y aceleré para llegar a mi destino. Cuando estuve frente a la puerta, la golpeé fuertemente. Enseguida se abrió, y allí apareció Camila. Me miró curiosa. Tenía puesto un pantalón de cargo junto con una blusa suelta de color rosa. Su cabello lo traía en una coleta alta, y llevaba guantes. "Camila, ¿puedo quedarme aquí un momento?" Le pregunté. "Necesito preguntarte algo." Ella asintió como si fuera mi amiga. "Claro, ¿qué ha pasado?" Dijo, dudosa. Me dejó pasar y se fue a la cocina. "¿Quieres un té?" preguntó. Yo respondí, "Sí, por favor." Me quedé sentada, preguntándome a qué hor

