Pensé que tocaban a la puerta. Apenas un golpe leve y rápido. Incluso creí que el cansancio o la pena estaba confundiéndome. Quien llamaba tuvo que tocar de nuevo para que me levantara de un tirón. Supuse que se trataba de Lázaro. Agradecí que no tardara tanto como creí. O quizá era Isabel. Fuera quien fuera, era bueno recibir compañía. Abrí confiada, quizá demasiado. Desconocía si algún Carrillo regresó al pueblo durante ese tiempo. A mi madre jamás le hicieron nada en sus visitas, pero a mis hermanos, por ser varones, no era seguro. El rencor puede prevalecer a través de la descendencia. Estaba oscuro, faltaba iluminación afuera y ya anochecía. Retrocedí por inercia al no escuchar una voz que me calmara. ¡Temía lo peor! Para mi sorpresa, quien tocó no era ni Lázaro ni Isabel. ¡Lo qu

