Por tanto tiempo soñé que tenía a ese hombre en mi cama, lo anhelé en mis peores noches, y también en las mejores. Y cuando se cumplió lo contemplé anonadada, encantada disfrutando de cada pliegue relajado de su rostro y los cabellos sueltos que caían sobre su frente. Nos encontrábamos cubiertos con un cobertor. Debajo eran dos cuerpos desnudos, libres de mostrarse como eran. Ante Nicolás jamás permití que me viera de esa forma, ni siquiera en la intimidad porque le pedía que apagara todo tipo de iluminación. Eran las seis de la mañana. Apenas y dormí un poco. La emoción era mayor que las ganas de descansar. Él despertó, pienso que debido a mi constante admiración. Abrió despacio los ojos. Lo primero que hizo fue sonreírme. Esteban debía regresar a la capital a la brevedad, por eso so

