Samantha —dijiste que querías hablar— le recuerdo después de un largo momento de silencio. No era incómodo a pesar de que estaba desnuda y que él temblaba. Se sentía cómo si los dos estuviéramos esperando a que nuestras emociones se normalizaran para poder decir algo. —por favor, ponte algo de ropa— rogó y mis cejas se elevaron con sorpresa. También, un poco de diversión. —¿por qué? Eres bueno ignorando mi desnudez— Respiro profundo oliendo sus nervios que de alguna manera tranquilizan los míos. Sinceramente, aunque no esperaba que me buscara, eso me levanta un poco el ánimo. Solo un poco, porque si anoche estuvo desahogando su calentura por otro lado, esta visita no tendría sentido. Pero... Si su lobo lo encerró, eso confirmaría lo que mi tío dijo y lo que supuse cuando lo conocí. Él

