Enfermedad

1223 Palabras
Aquella tarde, cuando el sol ya empezaba a ocultarse entre las montañas de las highlands, el laird McPherson tuvo un serio ataque de tos, su hijo, preocupado, insistió en detener la marcha pero su padre no lo permitió. Cuando por fin cayó el sol y se detuvieron para acampar y pasar la noche Murdock se retiró a su tienda sin cenar y Sloan se dedicaba a hacer continuas incursiones a la tienda de su padre. Nicoletta empezaba a preocuparse por el estado del laird, peor lo que se acercó a Sloan: -¿Qué tal se encuentra vuestro padre? -Su enfermedad va a peor-musitó Sloan derrotado-. Temo que no pase de esta noche. -¿Qué es lo que padece?¿No hay ningún medicamento que podáis darle? -No lo sé. Ya le han visto varios doctores pero ninguno sabe qué es... -Quizá yo pueda echarle un vistazo... Aprendí un par de cosas durante los viajes de mi familia por Asia. No tengo mucha práctica pero sí algunos conocimientos útiles.-se ofreció ella que, por alguna razón que no llegaba a entender, no quería verle tan triste y preocupado. -Cualquier ayuda es poca, gracias...-musitó él. -No es nada, vos deberíais ir a cenar algo, aún nos quedan dos días de viaje. -Yo... No tengo hambre. ¿Os molestaría mucho si os acompaño mientras vais a ver a mi padre? -No, no es molestia. Antes he de ir a por mi talega de hierbas Sloan hizo un gesto con la mano, dando a entender que la acompañaría. Cuando llegaron junto a la carreta que llevaba los baúles del equipaje de la familia de D'Amico, Nicci abrió el más grande y comenzó a rebuscar. -¿Por qué vuestro baúl es más grande?-preguntó Sloan. -Por que mi padre espera poder ahorrarse un viaje-respondió ella como si fuera obvio-. Aquí está mi talega. Tras eso Nicoletta y el highlaner entraron en la tienda del laird, quien estaba tumbado en un catre con un aspecto mucho peor que horas antes. Cuando les vio entrar intentó incorporarse y, al no poder, se disculpó y preguntó: -¿Tenéis alguna buena noticia que darme? ¿Algo por lo que deba mandar un hombre en un caballo rápido a Duart Castle para que empiecen a preparar una fiesta, quizá? -De hecho, señor-musitó Nicci-. Veníamos a ver que tal se encontraba. -¡Bah! No me pasa nada, sólo estoy viejo. -Padre...-intervino Sloan-. Nicoletta conoce técnicas médicas orientales, quizá pueda ayudarte. El anciano hombre miró a la muchacha, que le sonreía con cariño y aceptó. Ella se sentó junto su catre y le puso una mano en la frente. -Tiene fiebre-musitó ella para sí misma.-Eso significa que hay algo extraño en él. -¿Algo extraño?-preguntó Sloan alarmado. -Sí, es decir que debe ser una enfermedad vírica, una infección o algún tipo de veneno. -¿¡Veneno!?-casi gritó el hijo del laird. -Sólo son las opciones más comunes. ¿Cuánto tiempo lleva enfermo? -Cinco años-contestó el laird-. Desde la muerte de mi querida esposa. -Lamento su pérdida, mi señor. Pero eso significa que no es veneno, no conozco ninguno que tarde tanto tiempo en actuar. Iré a preparar algo para bajarle la fiebre. Nicoletta salió de la tienda y Sloan no tardó en seguirla. -Bueno, ¿qué opináis?  -No lo sé. Yo... Estudié mucho pero trabajé muy poco tiempo con aquel doctor de la India... Es una larga historia-musitó ella mientras colocaba un cazo en un fuego y comenzaba a picar hierbas-.El caso es que tiene toda la pinta de ser algo vírico. Una infección se abría manifestado también en la piel. ¿Sufrió alguna herida poco antes del comienzo de la enfermedad? Cualquier cosa es relevante. -No que yo sepa, no era época de guerra, no tuvo porque herirse... ¿Puedes hacer algo por él? -Puedo bajarle la fiebre y disminuir la tos y el resto de las dolencias pero... -¿Pero qué? ¿Es malo? ¿Có-cómo podéis estar tan tranquila? -Vi muchas cosas horribles cuando aprendí el arte de la medicina y el uso de las hierbas. El doctor Abdali Gupta me llevaba a los casos más graves y sangrientos para que aprendiera a guardar la compostura en cualquier situación. -¿Qué edad teníais?-preguntó Sloan horrorizado. -Estuve con él desde los diez hasta los doce años, me quedé con el doctor y su mujer, Anjali, mientras mi padre compraba y vendía especias por la India. No suelen enseñar a mujeres pero mi padre pagó una gran suma para que lo hiciera. -Pero eso es... Horrible. Erais sólo una niña. -Sí-asintió Nicoletta mientras retiraba del fuego el cazo con una pócima espesa y de fuerte olor-, pero lo cierto es que nos fue muy útil, muchas veces, en nuestros viajes, cuando estábamos demasiado lejos de cualquier tipo de población y alguien enfermaba, yo era útil. El highlander sentía que comenzaba a entender mejor a la muchacha: Ella sólo quería sentirse útil, sentir que hacía algo bueno por los demás, que podía ayudar. Por eso se había ofrecido a ayudar a su padre, por eso en ese instante no le miraba como si le odiara, por eso no insistía en mantener esa actitud de desprecio hacia él que lucía ante todos y por eso le estaba dando igual que los padres de ella los observaran con rostros esperanzados en aquel momento. -¿Intentabais distraerme de la pregunta que os he hecho sobre mi padre antes?-preguntó él después de un rato de silencio. Ella sonrió ligeramente y asintió. Luego suspiró y le miró. No podía mentirle respecto a ese tema. -Voy a ser sincera: Me gustaría que la realidad fuera otra pero... No lo es. Una enfermedad vírica nunca debe durar más de unas semanas, meses también puede ser pero... Cinco años son demasiado tiempo. -¿No hay posibilidades?-preguntó Sloan derrotado. -Sí las hay pero... Muy pocas. El cuerpo es sabio, él mismo combate las enfermedades y si tu padre aún no ha podido con ella... Ahora mismo lo mejor que puedo hacer es calmar sus síntomas, eso le dará a su cuerpo algo de fuerza para luchar contra lo que sea que tenga.-Nicci le tendió un cuenco con aquel mejunje espeso y de fuerte olor.-Que tome esto y algo de comida, primero esto. Vos también deberíais cenar algo, mañana nos espera un día duro. -No sé como podré agradeceros esto. Nadie había llegado tan lejos en un diagnóstico de mi padre. -Es todo cuestión de tener un punto de vista diferente. Y no me trates más de usted, me haces sentir como una anciana. -¿Y qué hay del "¡No me tuteéis! ¡No tienes permiso para tutearme!"?-la imitó él. -¡Yo no sueno así!-rió ella. -Si eso dices, Nicoletta-se encogió de hombros Sloan-. Gracias otra vez. Nicci hizo un gesto con la mano, como si le quitara importancia y se alejó hacia la tienda que compartía con sus hermanas. El hombre volvió a la tienda de su padre para darle la pócima a su padre. -No necesitó nada, hijo-se quejó el laird-. ¿Has hablado con la muchacha? ¿Habéis hecho algún progreso? Espero que la hayas tratado bien. -Sí, padre. He sido bueno y caballeroso con ella. Tómate esto. -¿Sabes, hijo mío? No había visto una mujer como esa muchacha desde que conocía a tu madre. Ella era tan fuerte y decidida. Era obstinada y cabezota como un oso-el padre rió al recordar a su esposa-. Mi preciosa Bethia incluso sabía varias cosas que las mujeres no deberían saber, montaba a caballo a horcajadas y sabía disparar con arco mejor que muchos de mis hombres. Esa muchacha tiene la chispa y la fuerza necesarias para ser una McPherson. Hijo, si muero y tu te conviertes en laird necesitarás una esposa y esa muchacha es la mujer perfecta para tal tarea. -Si tu lo dices-musitó su hijo-. Supongo que que tendré que escuchar tus sabias palabras-admitió sonriendo-, esa muchacha tiene algo... realmente especial.
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