Nicoletta llegó furiosa al palacio, su hermana y el hombre llegaron segundos después. Pero ella no los esperó y entró en su hogar como una flecha. En el salón estaban sentadas la madre y las demás hermanas de Nicci junto a Nerys. Cuando los tres que habían estado cabalgando entraron Eleonora avisó a Sloan de que su padre y el Sr. D'Amico lo esperaban en las caballerizas. En cuanto las mujeres quedaron a solas Nerys se dirigió a la mayor de las hermanas.
–¿Que tal a discurrido vuestro paseo, Nicoletta? Mi hermano es realmente bueno montando a caballo, aunque no tiene mucha paciencia para ir despacio; por eso yo no suelo salir de paseo con él.
–Ha sido... arrollador. Por suerte a mí también me gusta la velocidad, de modo que hemos hecho una pequeña carrera.
–Nicoletta...–comenzó a decir Eleonora–, sabes que no me gusta que corras demasiado con el caballo.
–Madre, no ha sido para tanto. Una carrera sin importancia, de verdad.
–Por favor–rió Nerys–, decidme que le habéis ganado. Nada le vendría mejor para rebajar un poco su ego.
–¡Ha ganado!–comentó entonces Cassandra–. Aunque vuestro hermano parecía más preocupado por mi querida hermana mayor que por la carrera.
Nicoletta se quedó pálida, si su hermana seguía hablando descubriría ante todos su plan para espantar a Sloan y eso le buscaría grandes problemas. Pero en cuanto vió la cara de su hermana Cassi supo que no debía decir nada del salto y se apresuró a decir.
–No pensé que nadie podría preocuparse tanto por nadie por un simple paseo.
Nerys, perpleja, comentó que su hermano debía de estar realmente encandilado por Nicci para comportarse así, esta le quitó importancia diciendo que sólo estaba siendo educado. Mientras tanto, en las caballerizas, los highlanders y el italiano charlaban sobre temas sin importancia hasta que Murdock tuvo una maravillosa idea.
–Angelo, amigo. ¿Por qué no vienen a visitarnos a Isla Mull? Supongo que estarán cansados por su reciente viaje desde Italia, pero quizá les apetezca acercarse para conocer mejor el futuro hogar de su hija.
Sloan casi se cayó al suelo al escuchar eso. ¿¡Qué habían hablado aquellos dos hombres en su ausencia?
–Su posible futuro hogar–especificó el italiano–, no hablemos antes de tiempo ni por ellos. Son jóvenes, que decidan bien y no a lo loco. Y no se preocupe, mi familia está tan acostumbrada a viajar que podríamos salir ahora mismo si fuera necesario, será un placer visitar sus tierras.
–¡Estupendo! Pues en ese caso vendrán con nosotros cuando salgamos de nuevo a nuestros dominios. Teníamos pensado partir mañana, pero supongo que necesitarán un tiempo para organizarse.
El italiano rió a mandíbula batiente y le dijo que no se preocupara por ello. Saldrían mañana mismo. Las mujeres tuvieron reacciones muy dispares: Nerys parecía complacida y agradad, pero nada exaltada ante la idea, Cassandra se emocionó ante la idea de conocer más los parajes de ensueño de las highlands, Catarina se interesó por la ruta que tomaría y comenzó a preparar rápidamente todo lo necesario, Eleonora disimuló su fastidio por la cantidad de cosas que tendría que preparar pero se sintió agradecida por la invitación y esperanzada en que la relación entre su hija mayor y el highlander avanzara, Liliana estaba dispuesta a ir donde fuera con tal de volver a viajar, estaba tan acostumbrada que ahora le costaba dormir sin el traqueteo de la carreta y Nicoletta... Ella tenía sentimiento encontrados. Por un lado estaba entusiasmada ante de idea de conocer mejor Escocia, de tener que tomar un barco hasta la isla y de volver a pasar jornadas enteras a lomos de Farfalla. Pero por otro lado sabía lo que implicaba el viaje, significaba que debía estrechar su relación con Sloan, que su padre la presionaría para aceptarlo como su esposo y que, posiblemente, no volviera a aquel palacete a las afueras de Glasgow. Por ello, pero como no quería defraudar a sus padre, sonrío musitó que volver a viajar podría ser divertido y se retiró alegando estar cansada. Durante la cena no habló apenas, estaba encerrada en sus propios pensamientos, sentía la mirada del highlander clavada en su rostro y su lado peleón estaba deseando decirle cuatro cosas, pero, simplemente, no estaba de humor; solo quería grabar en su cerebro cada detalle sobre su familia ahora que podía. Sloan la miraba, deseando saber que cruzaba por su cabeza. Él había esperado que se negara al viaje, que montara una escena y, posiblemente, liarse a estocadas contra algo... o alguien. Pero no... Estaba allí sentada en silencio, había aceptado el viaje con una sonrisa y ni siquiera parecía mosqueada.
A la mañana siguiente todos los preparativos para el viaje estaban listos. La marcha comenzó muy animada, los hombres charlaban a la cabeza de la comitiva mientras las mujeres, acomodadas en una carreta hablaban , sólo Nicoletta permanecía apartada de todo el mundo. Cabalgaba medio escondida en su capa entre los guerreros del clan McPherson, intentado pasar desapercibida. En un momento dado vio como Sloan se apartaba de la cabecera de la comitiva y se acercaba a la carreta para asomar la cabeza entre las cortinas y que, poco después de eso, sacaba la cabeza de las cortinas y miraba a su alrededor, como buscando algo.
"Oh, vuelve a meter ese cabezón que tienes entre las cortinas del carruaje y déjame en paz", pensó Nicci deseando que la confundiera con algún muchacho de su batallón y la dejara en paz al menos hasta que se detuvieran; pero pronto le tuvo a su lado diciendo:
–Si queréis pasar desapercibida entre mis hombres deberíais recordar que vuestra yegua es significativamente más pequeña que sus caballos.
Nicoletta se separó un poco del resto de la comitiva, lo suficiente para no ser escuchados, Sloan la siguió mientra ella decía:
–Eso es porque vosotros montáis caballos clydesdale mientras que Farfalla es una tofeltano, las razas son muy diferentes.
–Vaya, vaya... Además de peleona sois una listilla–comentó Sloan intentando despertar ese genio suyo
–¿Queréis algo de mí o sólo pretendéis incordiarme?–preguntó ella exasperada.
–Anhelaba vuestra compañía, poco gente hay por aquí tan entretenida como vos.
–¿Soy ahora un arlequín?–ironizó ella–. ¿Un bufón tal vez? ¿Os hago gracia?¿Disfrutáis de mis desdichas quizá? ¿Os parece divertido que los días que me queden con mi familia estén contados? Yo no pedí esto, solo quería... Ser feliz... Pero ahora me imponen marido y hogar y me obligan a apartarme de mi familia y a irme con un montón de desconocidos. ¿Cómo se supone que voy a ser feliz así?
–Nicoletta yo no... No sabía que os sintierais así... Pero no tiene por qué ser así... No está decidido.
–No, no lo está... Pero lo estará...–suspiró ella–. Mi padre es el mejor vendedor del mundo, después de años de viajar comprando y vendiendo podría colocarle cualquier mercancía a cualquiera, por muy listo que fuera. Este va a ser el negocio de su vida.
–Ni vuestro padre ni nadie piensa que seáis una mercancía.
–¿No? Pues así me siento... Aunque... Supongo que no es para tanto, supongo que puedo hacerlo por ellas. Mis hermanas no se criaron como yo, son más lo que se espera de una doncella de alta cuna, ellas no podrían con un marido impuesto y adultero... Pero yo sí. Ningún noble italiano nos quería como esposas, ¿sabes? Por eso venimos a Escocia. Nadie quiere a las hijas del mercader... Pero claro, si esas hijas con cuñadas de un laird la cosa cambia, ¿no?
–Nicoletta, yo...–intentó decir él.
–Da igual... Ni siquiera sé porque os cuento esto.–le interrumpió ella.
Durante un rato cabalgaron en silencio, el hombre asimilaba en silencio la palabras de la muchacha y ella intenta grabar en su memoria los recuerdos de los primeros pasos de Liliana, los juegos con Cat y Cassi, las largas cabalgatas con su padre y la voz de su madre cuando le cantaba canciones de cuna.
Sloan volvió junto a su padre y ordenó parar a descansar unos minutos en un pequeño claro, todos bajaron de sus monturas; Nicci decidió dar un paseo a pie por las zonas aledañas del bosque y cuando empezaba a internarse en el bosque escuchó la voz de su padre tras ella
–¡Hija mía! ¿A dónde vas tu sola?
–Padre... Sólo quería estirar un poco las piernas, estoy agarrotada de tanto cabalgar
–Señorita–intervino el laird McPherson–, no es seguro que vayáis sola por el bosque, esta es zona de bandidos. Que os acompañe mi hijo.
–Mi señor...–intentó rehuirlo la muchacha–, no creo que sea apropiado que vayamos solos al bosque.
–Siempre que a su padre le parezca bien no habrá problema, puedo garantizar la caballerosidad de mi hijo. ¡Sloan!–lo llamó el laird.
–¿Llevas tu regalo de cumpleaños, hija?–preguntó Angelo.
Nicoletta sonrió y asintió, su regalo de cumpleaños había sido una preciosa daga ondulada, con un intrincado grabado florar en la hoja y las iniciales de toda la familia grabadas en la empuñadura; esa daga ahora descansaba atada contra su muslo, bajo sus faldas. Su padre sonrío tranquilo, entonces llegó Sloan quien le tendió el brazo con galantería; ella lo aceptó con una mueca de desagrado y ambos se internaron en el bosque. Después de un rato de caminar en silencio el hombre hablo:
–¿Es eso lo que pensáis de mí?
–¿El qué?–preguntó ella que hasta ese momento había estado encerrada en sus pensamientos.
–Que soy un mujeriego y que os he sido impuesto.
–Vos mismo lo dijisteis, que preferiríais el adulterio. Y lo de impuesto... Bueno, yo no tuve nada que ver en la decisión de que me cortejarais–pronunció con cierto desdén–. Así que... sí.
–Todo depende de por donde se mire. Sí, dije eso. ¿Pero y si yo amara a mi futura esposa? Obviamente en ese caso le sería fiel. No soy tan malo.
–Lo siento si os he ofendido–musitó Nicoletta decaída–. Pero no queréis casaros, vos lo dijisteis, preferís estar soltero.
–Y no quiero casarme, pero la vida puede dar muchas vueltas y...
–No sé que estáis intentando decir–le interrumpió Nicci–, pero no quiero hablar de nada de eso ahora mismo. Será mejor que volvamos con los demás.
–Claro...–asintió él.
La mente de Sloan trabajaba a toda velocidad, había un montón de cosas que la ocupaban en ese momento: La forma en que Nicoletta le había desarmado el día que se conocieron, sus rabietas, el vestido que llevaba en la fiesta, todo lo que había dicho ella, la mueca triste de sus labios y como le hacía sentir todo eso. "Bueno... No es tan importante, no voy a casarme, ni con ella ni con nadie" pensó. "Yo no estoy hecho para eso y... Ella merece algo mejor"