La sacudida de la todo terreno en la que habíamos estado viajando había sido la culpable de haberme despertado. Me había quedado dormido a penas subimos al coche cuando llegamos y donde David nos esperaba. No fue porque tuviera sueño ni nada por el estilo, sino que Adam había colocado un pañuelo sobre mi boca y nariz lleno de cloroformo. -¿Ya despertaste?- me preguntó David cuando abrió la puerta de la parte trasera de par en par. Intenté orientarme, pero me era casi imposible dado a que recién había despertado del sueño que me habían provocado. Lo miré con el ceño fruncido por el sol que me daba justo en los ojos y poco a poco el rostro de David lo encontré más nítido pero con toda la contraluz que fuera posible. Debía de ser el mediodía. Me tiró una mochila sobre el e

