—Gracias por venir, señorita Donovan. Nos comunicaremos con usted pronto. La mujer frente a mí sonríe de una forma amable… pero vacía. La misma sonrisa que he visto tres veces en el mismo día. Esa sonrisa que dice “no eres lo que estamos buscando” sin tener que pronunciarlo. Agradezco igual, con mi mejor tono educado, y salgo de la oficina. El aire de la calle me golpea el rostro, cálido, pesado. Camino despacio, observando las personas que salen del edificio y entran a sus autos con aire de prisa, mientras mi mente se va llenando de pensamientos que duelen más que el cansancio. No me van a llamar. Ninguno de los tres lugares lo hará. Antes era difícil conseguir empleo, pero no así. No con esas miradas que me recorren de arriba abajo, ese gesto incómodo cuando me ven entregar mi cu

