Dos días en los que casi muero de los nervios, el jueves pasé con mi padre después del trabajo. Abrió la puerta con un gesto cansado, pero cálido. —Nyla, qué sorpresa. ¿Todo bien? Asentí, entrando. —Papá, quiero invitarte… al cumpleaños de Samuel. Es el viernes. Él levantó las cejas. —Mañana. —Sé que es algo apresurado y debí decirte con tiempo, voy a entender si no puedes ir… —Por supuesto que voy a ir, hija —sonrió mi padre. —En serio —suspiré. —Claro, es solo que me sorprendió, es demasiado pronto, pero no tengo nada que hacer, estaré ahí. —Gracias papá, será algo pequeño, pero a Samuel no le gustan las fiestas, ni nada extravagante, así que seremos pocos. —Estoy seguro que será muy especial. Sus palabras me sostuvieron más de lo que él supo. Al salir de casa de mi

