El día del baile llegó más rápido de lo que yo hubiera querido. O quizá más rápido de lo que mis nervios pudieron procesar. Pasé toda la mañana trabajando en la empresa, tratando de distraerme pensando en cualquier cosa que no fuera la idea de enfrentarme a los Donovan en un salón lleno de cámaras, luces y sonrisas falsas. En teoría, todos iríamos para “mantener las apariencias”. En la práctica… yo sabía que iba a ser un circo. Cuando por fin llegó la tarde, subí a la habitación para comenzar a arreglarme. Y ahí, sobre la cama, estaba el vestido azul pavo que la señora Donovan había enviado. Recto. Aburrido. Insípido. Como si lo hubiera elegido alguien que no soporta que destaque un solo milímetro. Resoplé colocando mis manos en la cintura. Es como si ese vestido gritara lo que ella que

