Jamás pensé que algo pudiera hacerme sentir pequeña… hasta que llegamos a la mansión de los Donovan. La casa donde vivo con Samuel ya me parecía enorme, pero esto… esto era otra cosa. Un gigante blanco y moderno con ventanales inmensos y un brillo pulcro que me hacía sentir que debía caminar de puntillas. Tragué saliva mientras el auto se detenía en la entrada. —Creí que vivíamos en la casa Donovan —murmuró. —Donde vivimos es solo una casa de descanso o lo era antes de que me enviaran allá. —Lo dices en serio. Él asintió mirando de nuevo a la casa y con una línea tensa como sonrisa dijo. —Bienvenida a mi hogar. Le lleve la silla y bajamos del auto, la casa tenía una pequeña rampa, al parecer estaba ajustada para que Samuel pudiera venir. El mayordomo nos esperaba perfectamente erg

