Su cuerpo se tensó y apretó fuertemente la mano de Alexander quien la sostuvo con firmeza. —¿Pasa algo? —preguntó ante su semblante. —Mi Papá... —Helena susurró al verlo subir al podio. Desde aquella noche que la vendió nunca más volvió a verlo, quería decirle tantas cosas, lo odiaba con todo el alma. Gracias a él había vivido lo peor de su vida y eso jamás se lo iba a perdonar. Cuando lo vio presentarse como testigo, tuvo la esperanza de que hubiera ido a redimir lo que había hecho con ella, deseaba que así fuera, pero no conocía hasta donde podía llegar la codicia de su padre. Bruno hizo acto de presencia en la sala, vestido con el traje de color naranja de la correccional, caminó esposado rumbo a su asiento sin desviar ni una sola vez la mirada de Helena. Una sonrisa cínica apareció

