Vigilancia.

1220 Palabras

No hubo besos. No hubo caricias. No hubo placer compartido. Solo una descarga violenta. Seca. Impersonal. Cuando termina, se retira sin cuidado, se abrocha el cinturón de su pantalón sin mirarla y se sienta en su silla ortopédica, de espaldas a ella, como si nada hubiese ocurrido. Saca un cigarro, lo enciende con desgano, y sin voltearse, dice con voz grave, llena de fastidio: — Lárgate de mi oficina. Hoy no iremos a almorzar. No estoy de humor. — Sara, aún arreglándose la ropa, lo mira como si no entendiera. Pero pronto comprende que no hay lugar para ella allí. Humillada, se acomoda el vestido como puede, toma su bolso y camina hacia la puerta con pasos firmes, aunque su dignidad le pese en los tacones. Justo antes de salir, lanza una última mirada a la espalda de Magnus. Portazo.

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