03:17 p.m. El día entero se sintió como una puñalada lenta. Magnus no fue a la empresa. Se quedó en la bodega. En su infierno personal. Desde temprano, su voz retumbaba entre las paredes, afilada como un látigo, exigiendo resultados, gritándole a todos que se movieran, que se apuraran, que dejaran de perder tiempo. Las entregas estaban retrasadas. Las piezas cambiadas. El negocio pendía de un hilo y él lo sabía. No necesitaba que nadie le explicara nada. Él lo entendía todo con claridad… por eso mismo, lo quemaba por dentro. Para las dos de la tarde, Mike y Vicent dieron con la pista: el Sapo. Un idiota de medio pelo que conocía la operación desde adentro y al parecer se había dejado sobornar por una oferta de dinero fácil. Traicionó la ruta. Cambió los cuadros. Magnus se quedó inmó

