El griterío en la autopista había hecho que más de uno se asomara a ver lo que ocurría. Algunos bajaron de sus autos, otros solo grababan desde lejos. La figura de Bella, de pie sobre la baranda, completamente ausente, no pasó desapercibida. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, unos brazos fuertes la sujetaron por la cintura, jalándola con violencia hacia atrás. Ella gritó, pataleó, pero no logró zafarse. No sabía quién era. Solo supo que estaba siendo arrastrada de vuelta a la realidad. Cuando Mike llegó, acompañado por Inés y uno de sus hombres, lo primero que hizo fue evaluar la escena con rapidez. Había testigos. Algunos móviles. Algunas cámaras. No hubo dramatismo. No hubo gritos. Solo su voz fría, firme, práctica. — Tenemos que irnos. Ahora. Alguien puede tomar una foto.

