Sara. Después de la llamada de mamá Maldita sea. Cierro con fuerza el estuche del vestido que tenía entre manos y lo lanzo al sofá de la boutique. ¿Desaparecida? ¿Bella desaparecida? ¿Qué carajos significa eso? ¿Cómo es que la pierden de vista si se supone que ni siquiera puede salir a la esquina? Respiro, respiro, pero no me calmo. El corazón me late a mil. No por miedo a que algo le pase a ella, no. Sino porque si aparece en el momento equivocado, si habla, si alguien la ve... puede arruinarlo todo. Todo lo que me ha costado tanto construir. Magnus no es un hombre fácil. Ni amable. Ni siquiera humano a veces. Me mira con esa cara de asco como si siempre estuviera oliendo algo podrido. Me folla como quien descarga rabia, como si yo fuera un pasatiempo estúpido. Y aun así, aun así, m

