2.Reencuentro

1245 Palabras
Pasaron más de cuatro años desde mi partida y cumplí mis diecinueve años. Mi abuela, a quien llamo Setti de cariño, y yo, éramos felices juntas. El dolor de la pérdida se había desvanecido y recordábamos a mis padres con la mayor felicidad; aunque no podíamos negar que los extrañábamos muchísimo y sabíamos que ellos veían por nosotros desde algún lugar. Con el pasar del tiempo fui comprendiendo muchas cosas y me prometí estudiar, volverme una profesional y algún día, poder ayudar a mi Setti. Ella envejecía con los años y ya no tenía las mismas fuerzas de antes. Desde los diecisiete, comencé a trabajar en los pequeños negocios de las amigas de mi abuelita y así, poco a poco fui ahorrando todo lo que pude. Harry y yo nos habíamos hecho una promesa, ingresar a la prestigiosa “Catholic University”; cara, pero muy reconocida. Lo pensé por mucho tiempo y tenía claro que sería difícil pagarme una universidad de su altura; por lo que, debía pulirme con mis notas y al menos, conseguir una beca para poder pagarlo. En cambio, para Harry sería mucho más fácil, su familia era adinerada y se podía dar ese lujo. Quien, por cierto, desde que me fui no volvió a contactarse conmigo. La verdad, lo extrañaba mucho, pero creía que lo había hecho enojar por haberme ido sin avisar. En la secundaria, me esforcé al máximo para terminar con buenas calificaciones y al final, lo logré. Trabajé intensamente por dos años al terminar la escuela y, cuando tuve ahorros suficientes, decidí postularme y probar en la “Catholic”. Al llegar los resultados de mis exámenes, por sorpresa lo había logrado y había aprobado el requerimiento de media beca. Setti y yo estábamos muy felices con la noticia; el único problema era que vivíamos muy alejadas del campus. Por esta razón, decidimos mudarnos y regresar a casa de mis padres. No podía negar que yo era la más emocionada en todo esto, porque quería encontrarme con Harry otra vez. El día que nos mudamos, la señora Susan, madre de Harry, nos invitó a su casa, para cenar con ellos a modo de bienvenida. Fue tan lindo volver a verla, pero los nervios me atacaban mientras esperaba en la puerta de entrada, a que nos abrieran la puerta. Cuando por fin se abrió, pude verlo. «Harry». Lo primero que me pregunté, fue si realmente ese chico era él. se había vuelto demasiado guapo, estaba mucho más alto y ya era todo un joven maduro y apuesto. Le dio un enorme abrazo a Setti y cuando fue mi turno, el muy tarado se atrevió a agarrarme del cuello con un brazo y con su otra mano, frotarme la cabeza; como si estuviera saludando a un amigo pequeño. —¡Elizza! Tú no has crecido mucho, ¿eh? Sigues igualita —dijo, con su molesto tono de burla. —¡No es verdad! Si crecí al menos unos cinco centímetros, ¿Ok? —chillé indignada—. En cambio, el que creció como jirafa, fuiste tú. ¡Señora Susan! Ya no le dé de comer, por favor, que este poste va a llegar al techo. Todos en la sala rieron y Harry, riendo, se cubrió el rostro avergonzado. —¡Qué cosas dices! Izza. —Se acercó su madre, para abrazarme, mientras reía con mis ocurrencias—. Ya extrañábamos tanto tu presencia; tan alegre siempre, querida. Estos cuatro años fueron largos y ya te volviste toda una señorita. Estoy muy contenta, sé que Emma y Willy estarían muy orgullosos de ti. —Sí, señora Susan. Sé que ellos siempre están conmigo, en todo momento. Los tengo, de hecho, en mi corazón —dije, tocando mi pecho—. Déjenme decirles, que los extrañé tanto, ustedes son como mi familia. Gracias por este recibimiento. Cenamos y hablamos, los cuatro, de todo lo ocurrido en estos años. Después de un rato, Harry me hace una seña cómplice para salir de la casa y conversar un rato. Me disculpé y salí junto con él; una vez fuera, hablamos de diversos temas, pero lo más importante fue que pudimos resolver nuestros malentendidos. —Izza, ¿por qué te despediste de esa manera?, ¿no querías hablar conmigo? —preguntó, mirándome con dolor—. Somos como familia. Me sentí muy decepcionado de que no me contaras que te ibas y tuve que enterarme, de sorpresa, cuando mi madre me dio aquella carta. Después de ese día no pude contactarte más porque pensé que no querías hablar conmigo, ni saber nada sobre mí; pero al menos, mi mamá siempre me comentaba que te estaba yendo bien y eso, me tranquilizaba. No sabes cuán feliz me hizo al saber que regresabas. Mi pequeña. —Toca mi cabeza y me sonríe gentilmente. —Lo siento mucho, Harry. Lo lamento tanto por mi comportamiento inmaduro; estaba muy confundida y quería evitar despedidas dramáticas. No sé en qué pensaba en ese entonces, lo siento, de verdad. Mientras decía esas palabras y lo miraba a los ojos, no podía evitar pensar que por años deseé escuchar su voz en una llamada; que pensaba se había enojado y en ese momento, pude entender que todo fue un malentendido. —Lo siento. Lo siento mucho, Harry. —Tranquila, pequeña, ya está en el pasado. Fui un tonto al pensar que no querías saber más de mí, al menos hubiera insistido. Pero, en fin, ahora todo está bien; lo que importa es que estás aquí y que recuperaremos el tiempo perdido. Seguiré siendo tu protector, mi Izza —dijo y de inmediato, me hizo lo mismo de antes con los brazos, hasta que logró despeinarme. —Sí…sí. Ya déjame, Harry. ¡Mi cabello!, ¡me despeinas! ¡Soy una mujer, no un chico! —Harry reía sin parar, hasta que me soltó. —Es que eres tan linda y chiquita, como un cachorro. Además, recuerda que no eres una mujer para mí, eres mi hermanita; a quien debo molestar. Y eres algo parecido a un chico también. —Reía para molestarme, mientras yo chasqueaba mi lengua. —¡Tonto! ¿Ahora me dices que soy como un perro? Está bien que no sea tan femenina, pero no soy hombre tampoco. —Lo miré ofendida y enojada, mientras mostraba un puchero incontrolable Pero solo provoqué que Harry continuara riendo exageradamente. Sinceramente, una parte de mi corazón en ese momento se destrozó, no pensé que unas palabras tan tontas dolieran así. Fue ahí que me di cuenta, claramente, que ese sentimiento extraño que nació por él, en ese día trágico, aún permanecía vivo en mí. —Ya no te rías, Harry. ¡Y sí, soy una mujer! ¡Ya! Ya crecí, deja de tratarme como una niña. —Le di un enorme pellizco en el brazo. Nos reímos como en los viejos tiempos y luego, continuamos contándonos los episodios de lo que nos habíamos perdido en los años pasados. Esa noche no pudimos separarnos, ni siquiera cuando Setti se fue a descansar. Seguimos conversando de balcón a balcón, recordando la promesa que habíamos hecho sobre la universidad y emocionados de haber cumplido el sueño. Ese día fue uno de los mejores de mi vida; fue tan especial revivir nuestra amistad con una versión mas madura de nosotros mismos. Así de hermoso fue nuestro reencuentro. Comenzamos nuestra vida universitaria a la perfección, sin saber, que al poco tiempo, caería la tempestad sobre nosotros.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR