El autocontrol de Alejandro.

1204 Palabras
Anahi. Mi novio me dejo en el trabajo después de un maravilloso fin de semana, llegué bastante temprano pues Alejandro madruga para ir a su trabajo, además de que antes me dejaría en el mio. Me puse a organizar agenda y adelantar algunas cosas. — Madrugaste Lindura. Tienes mucho que contar — Reímos — Buenos días. — Dándome un beso y abrazo, Claudia es después de Hector mi mejor amiga. — Buenos días y si, pase un super fin de semana con ese bombónsote. En el almuerzo podemos hablar y así tu me cuentas como les termino de ir y que dijeron los chicos. — Tapé la cara con ambas manos. — Que oso el que hicimos. — Soltamos una carcajada. — No te preocupes por nada, con los chicos todo cool más bien que bueno que tengas pareja, ya era hora, además de que eso sirvió para que yo también conociera a alguien. Ahh y no nos vamos a poder ver en el almuerzo ya tengo planes... — Quedé boquiabierta por la bomba que me soltó. — ¿Como así, de que me perdí...? — Aun sorprendida le pregunté. — Conocí al amigo de tu chico y pues... nos estamos conociendo. Hoy almorzaremos juntos. — Vaya, eso sí que era una casualidad, nadie ayer salió a emparejarse. — !!A trabajar no es hora de chismes!! — Mi jefe nos sorprendió, ambas reimos, pues el aveces es el primero en chismear. — Tienes que contarme todo después, adiós. Entre risas nos despedimos y soltamos el nudo, salí a la cafetería por una aromática y hay me encontré con Hector quien de una me abrazo y quedamos para el almuerzo en nuestro restaurante favorito, siempre elegimos el mismo lugar, nos encanta el ambiente, pues es bastante tranquilo y la comida deliciosa. Mi mejor amigo quien era mi confidente no podía de dejar de contarle mi aventura del fin de semana y las buenas nuevas, ahora tenía novio uuu. Después de eso fui a tomar mi puesto para seguir trabajando. Hoy el día estuvo bastante tranquilo para mi gusto, mi jefe salió toda la mañana y no volvería hasta en la tarde, me dejó un par de tareas y al terminar organicé todo y fui por Hector para irnos juntos al restaurante. —Vamos muero de hambre... — Dame cinco minutos, chica. — Me dice mi amigo y se apura a terminar. — OK. — Se apresuró a dejar todo listo y salimos como siempre enganchados de los brazos hablando y riendo por todo el camino, con el pasaba muy bien, me entendía, era muy tolerante y paciente conmigo. Me había apoyado mucho en estos últimos años, era la persona en la que más confiaba, estando lejos de mi familia me había sentido sola en este país tan grande. En el momento en el que conocí a Hector estaba sola y desprotegida. Él sin duda se ha ganado el puesto a mejor amigo y premio al más respetuoso e incondicional. — Escoge la mesa, yo voy al baño. — Me dice cuando ya estamos en el lugar, me encaminó a empacar lo que me pidió, me pongo cómoda y lo espero. — Bien. — Me adueñe de una mesa y pedí la carta ordenando de una lo que queríamos ambos, pues teníamos gustos parecidos, además de verdad tenía hambre no había desayunado. — ¿Ya pediste hermosa? Ponme al tanto de todo, ese chico te saco de la fiesta casi a rastras y luego lo del departamento. — Me comenta con evidente curiosidad y lo entiendo, Alejandro fue grosero y territorial. — Sí, en un rato viene nuestra deliciosa comida. Y si pues ahora si es oficial, somos novios igual y ya te lo había presentado. Es bastante celoso, pero dejé las cosas en claro, eres mi mejor amigo y no voy a alejarme de mis amistades solo porque a él no le gustan. Imagínate si desde ya dejo que me imponga cosas después quien sabe. — Le comento tranquila. — Esa es mi chica ruda — Rie y me toma de las manos por encima de la mesa. — Pero, quiero que sepas que lo entiendo un poco desde mi visión de hombre, tú eres una chica hermosa, obviamente él té está cuidando estando al pendiente de quien se te acerca y con que intenciones, es normal que, ya que no me conoce actúe así. Solamente vez con calma y hablando las cosas se resolverán. Además, que prisa si apenas llevan unas semanas conociéndose. — Asentí comprendiendo lo que me decía, debía darle más tiempo a la relación e ir hablando las cosas de a poco con Alejandro. — Tienes razón, esto de las relaciones no es nada fácil. Desde esta mañana lo extraño sabes... — Agaché la cabeza triste. Hector tomo mis manos sobre la mesa nuevamente en forma de consuelo, yo lo miré, le sonreí y agache la cabeza, él agarró mi cabello para ponerlo detrás de mi oreja, levante la mirada y nos quedamos viendo a los ojos mientas él seguía sosteniendo mis manos, luego sentí una sensación extraña y parece que mi amigo también porque giramos nuestras cabezas y hay estaba él. Esa mirada fría y penetrante ohh por Dios estaba enojado, intente levantarme, pero él hizo un gesto de negación y se marchó. — Lo malinterpreto todo Hector, ¿lo viste, viste esa mirada. ?? — La vi, lo siento amiga. Debe estar pensando lo peor, pero no pierdas la calma tú no estás haciendo nada malo. — Se me aguaron los ojos pensando en lo peor. — Vámonos, ya no tengo hambre... — Salimos del lugar, pero antes de salir volteé a su dirección, pero estaba de espaldas a mí. En mi corazón sentía que algo malo iba a pasar ya que Alejandro había dejado claro su punto, aunque no me prohibía nada no veía bien que me dejara agarrar de otro hombre. Es por eso que está enojado. Pero habiendo tantos sitios, porque precisamente vino a este. ¿Por qué? Llegamos al trabajo y no podía dejar de pensar en esa mirada, quería llamarlo, pero que le diría... Mejor voy a su casa al salir del trabajo y lo hablamos con calma. *********** Alejandro Estuve toda la reunión desconcentrado, mis acompañantes lo notaron pero no le dieron importancia, el proyecto estaba perfecto así que procedimos almorzar y a finiquitar algunos detalles. Con este proyecto en marcha debía hacer un par de viajes a mi ciudad natal y creo que me servirá un poco, hace rato no visito la tumba de mis abuelos maternos. Del restaurante me fui directo a la oficina y me perdí nuevamente en mi montaña de papeles, pues no quería pensar en esa mujer, ni siquiera una llamada para disculparse o por lo menos algo. Me sentía realmente enojado. Cuando salí de mis pensamientos eran las veinte horas, así que tomé mis cosas y me fui a casa. No la llamaría si ella no se había molestado seguro estaría con el imbécil ese. Al llegar a casa la veo esperándome afuera, tenía frío, parece que llevaba rato hay lo supe por el movimiento de sus manos a sus brazos, respire profundo y salí del auto...
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