Un buen trabajo

1349 Palabras
Una hora llevo escuchando a mis hijos darme el sermón de la vida, entiendo que se preocupan por mí pero siento que exageran a veces. -¡Bueno ya! Recuerden que soy la madre aquí, ahora no me digan que no puedo tomarme una mañana para mi, siempre debo estar reportándome, yo tengo una vida y permitan que la viva.-Mencioné tomando mis libros, lo mejor era estudiar para mis exámenes.- -Pero mamá, sabes que en la calle hay peligros, tu andas sola de un lado a otro, al menos repórtate.- -Un día de estos me iré todo un fin de semana y ya verán como me esconderé, aprendan a confiar en mí, ahora ya no quiero hablar más del tema, tengo cosas que hacer y supongo que ustedes también.- Mis hijos subieron a sus habitaciones mientras que yo seguí con mis estudios, aprendí la lección de no perderme de nuevo. La mañana llegó con eso mi segundo día de trabajo, llegué algunos minutos antes de las seis, llevándome la sorpresa que el pobre hombre que moría de hambre el día de ayer estaba presente, tenía mi termo a su lado, no pude evitar acercarme. -Sabía que volverías.- mencioné -¡Mi señora! Yo la esperé ayer pero me corrieron de este lugar y no pude entregarle el termo.- -No te preocupes ¿supongo que tienes hambre verdad?- -Si.- respondió -Dame el termo.- él rápidamente me lo entregó, yo entré al edificio y lo recargué con la máquina dispensadora, aquí es gratis el café así que sacaré un poco.- Volví con el hombre entregándole el café caliente y un pan que traía en mi bolso, al menos comería mejor. -Es usted muy amable.- respondió -Guarda el termo, cada día te lo recargaré.- -¡Si! Gracias.- De nuevo ingrese ahora si a mis labores, me puse el uniforme del día, tomé mis implementos y me dirigí al piso once, había tanto silencio que asustaba, rápidamente ingresé a la oficina del señor Wilson, al parecer estuvo de fiesta anoche, había botellas y ropa interior femenina en el suelo. Rápidamente comencé con la limpieza, aspiré el suelo al punto que casi me reflejo en la alfombra, todo lo llevé a las bolsas de basura, encontré dólares así que los dejé sobre el escritorio muy bien arreglados. Ahora pasé a la sala de juntas, aquí se ve que nadie la utilizó, aun así la limpie, no tardé, tenía el tiempo contado para ir a la siguiente oficina, la del señor Anderson, la cual me sorprendió, era completamente blanca y limpia, pensé que yo la ensuciaría, tomé escoba y trapero y comencé con la limpieza, dejé su baño reluciente, pude identificar que es maniaco del orden, todo estaba en su lugar, veía que los lápices estaban sobre el escritorio en una sincronía, los pocos cuadros eran minimalistas, lo único que se salía de la escena era un retrato, al parecer de su hija, una niña de quizás unos 10 años que le hace falta los dientes de conejo. Mire el reloj, faltaba poco para que fueran las ocho, recogí todo con rapidez y salí a correr, tan pronto me subí al ascensor de servicio se abrió el de los dueños, por poco me encuentran limpiando. Carmenza me entrego mi horario del día, tardé unos segundos en revisarlo y organizarme, sería un mañana movida. Lo positivo de estar tan ocupada es que el tiempo se pasa volando, así que en un abrir y cerrar de ojos mi hora de salida ya había llegado, Jimena mencionó que almorzáramos juntas y nos marcháramos a casa así que lo hice, no tenía idea que aquí la comida era gratis para los empleados, me di un gran banquete, guardé un poco de pastel, si el señor está afuera se lo llevaré, si no los glotones de mis hijos lo harán. -¿Qué te ha parecido trabajar aquí?-preguntó Jimena -Bueno hoy es mi segundo día, supongo que hice bien la limpieza en las oficinas de los dueños.- -¿Te tocó el piso once?- preguntó intrigada.- -Si. ¿Pasa algo?- -Pues en este momento ya deberías estar despedida.- -¿Qué? ¿Por qué?- -Se dice que el señor Anderson las despide inmediatamente, según creemos no le gusta como limpian, que extraño que aún sigas aquí.- -No sé si tener miedo o sentirme halagada.- -Te doy un consejo, vive un día a la vez, la paga es buena así que disfruta.- Terminamos el almuerzo, recogí mis cosas y salí, no sin antes enviarle un mensaje a mis hijos, les mencioné que iría a casa, primero haría algunas compras pero que estaba bien. Lo mejor es reportarme antes de que me regañen.. Al salir me encontré con el hombre, se había movido un poco pero ahí estaba, me acerqué a él para entregarle el pedazo de pastel. -¡Mi señora volvió!- -Te traje algo.- mencioné entregándole en las manos.- -Usted es un ángel, creo que así te diré.- -¿Mejor dime cómo te llamas?.- -Yo… la verdad no sé, alguna vez tuve un nombre pero no lo recuerdo.- -Entonces tú eres Ángel y yo seré Angela ¿te parece?- mencioné -Ángel… me gusta.- Lo dejé comiendo, debía caminar hacia la avenida, mi cuerpo dolía, debía acostumbrarme al ritmo si quiero durar aquí, mientras iba en autobús hice la lista de compras, creo que aprovecharé el tiempo para ir al restaurante, le diré a doña Cecilia que no podré ayudarle tiempo completo, que si me contrata por horas está bien. En el supermercado compré todo lo que necesitaba, aquí era donde entendía la importancia de tener un auto pero para mí era un lujo, también sé que mis hijos quieren uno y están ahorrando, con lo que gane en mi nuevo trabajo les daré una parte, mis niños merecen lo mejor. Llegue al restaurante, doña Cecilia estaba atendiendo clientes, el lugar estaba a reventar. -¡Carolina hija! Menos mal vienes, échame una mano ¿si?- mencionó con ojos de cachorros.- Dejé mis compras adentro, me puse un delantal y comencé atender, no podía negarme, ella me dio la mano por muchos años, así que se lo debo. Mis hijos llegaron al finalizar la jornada para acompañarme a casa, tuve que decirle a doña Cecilia que vendría solo por horas, ella ante la necesidad de una empleada aceptó. Ahora voy rumbo a casa con mis guardaespaldas, ellos llevan mis compras, me siento feliz de verlos, pese que han sido criados sin una figura paterna son todos unos caballeros, son buenos hijos, lástima que Roberto se perdió de vivir con ellos. -Mamá yo prepararé la comida mientras te alistas para hacer ejercicio.- -Andrés no… estoy cansada.- -Sin excusas, sabes que todas las noches vamos a entrenar, ¿acaso quieres llegar a los 40 con un cuerpo flácido?.- -Bueno aún me faltan años para llegar a los 40, déjame vivirlos uno a uno, no me adelantes.- -Aún así, ve a cambiarte.- Contra mi voluntad pase a tomar una ducha, saque un conjunto deportivo y me lo puse, recogí mi cabello en una coleta alta y fui en busca de Andrés. Al llegar a la cocina estaba lista la cena, fue algo suave y rápido para poder hacer ejercicio, como cada noche comenzamos corriendo en el parque, a esta hora aún está iluminado hace que sea ideal. -Vamos mamá, debes correr más.- -Mejor trae a tu hermano, él está joven.- -Sabes que Camilo solo vive para estar metido entre los libros, he intentado de todas las formas posibles que haga ejercicio pero es todo un nerd.- Después de dos horas volvimos a casa, creo que a penas entré por la puerta me tiré en el sofá, supongo que moriré. -Mañana iremos al Gym, hace rato que no lo hacemos.- escuché Andrés.- -Me vas a matar bebé.- -Si es así siéntete orgullosa que en la otra vida llegarás viéndote una belleza.- -Por ahora solo quiero vivir esta vida.- mencioné tomando mi celular, iría a ducharme para después meterme a mi cama, gracias al cielo que mañana tengo turno en la tarde, espero recuperarme.-
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