Oportunidad

1366 Palabras
La tarde llegó más rápido de lo que esperaba. Las clases parecieron pocas, casi insignificantes y como estaba al día en todas las materias… y todo gracias a Gloria Ese era un tema que aún no podía hablar con ella —Al fin te encuentro —dijo su hermano, Paul Estaba serio. Demasiado serio —¿Qué pasó? —pregunté de inmediato, sintiendo un nudo formarse en mi estómago —El ogro suspendió a Gloria —el mundo se quedó en silencio por un segundo —¿Qué? —dije, sin creerlo pero si podia creerlo, se suspendió por no hacerle caso, ahora imaginate a ella que le trato de tú —La suspendió esta mañana. Según él, por “conducta inapropiada” —si, claro que esa no era la razón, pero... dios mío No necesitaba que dijera su nombre en voz alta pero ella estaba protegiéndome, ahora esta pagando por atrevida Demian es injusto. Y entonces lo entendí No era coincidencia a lo pasó en la mañana, no. No era disciplina tampoco. Era venganza, su venganza por protegerme Una rabia fría comenzó a recorrerme el cuerpo —Esto es por mí… —murmuré, más para mí que para Paul Porque Gloria me defendió. Porque se interpuso. Porque no se quedó callada Y ahora él estaba cobrando la factura —¿Dónde está? —pregunté, levantando la mirada —En su oficina —Gloria estaba todavía ahí y Demian me va a escuchar Perfecto. Si Demian quería guerra… la iba a tener, empeze a caminar a mi destino —¿A donde vas Alex? —no escuche, estaba furiosa por todo lo que pasó, Gloria es incoente, me estaba pretegiendo No lo pensé dos veces Giré a la derecha del fondo del pasillo y caminé directo hacia la oficina de Demian. Cada paso era más firme que el anterior, impulsado por la rabia… y por algo más peligroso: la culpa Doblé el pasillo y casi choqué con alguien —Ale…—me dijo, yo la mire —¡Gloria! —dije, mi cara de valentía cayó sus ojos estaban rojos. No llorando, pero sí heridos y eso dolía más —¿Es verdad? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta ella forzó una sonrisa que no le llegó a los ojos —Una semanita de suspensión. Nada que no pueda sobrevivir —esa palabra me atravesó: sobrevivir —Es por mí —susurré, Gloria negó con la cabeza —No empieces con eso —me dice, pero se que es más que eso, Demian es un total psicópata, he escuchado decirle cosas feas a la gente y sin pensarlo mucho, ahora con Gloria... madre —Te defendiste por mí… y ahora estás pagando las consecuencias —le dije, estaba triste y sin poder hacer algo Sentí cómo la garganta se me cerraba. Todo el peso cayó de golpe sobre mis hombros Las noches sin dormir, el club, la discusión… todo parecía arrastrar a quienes más quería —Ale —dijo ella con suavidad, tomando mis manos—. Yo decidí hablar. Yo decidí meterme. No me obligaste —me dijo con cariño —Pero fue por mí —confesé, triste con lágrimas queriendo salir pero el nudo en mi garganta no las deja —Fue porque eres mi amiga —respondió con firmeza Eso fue peor Porque el amor duele menos cuando es romántico… pero cuando es lealtad, cuando alguien se queda a tu lado sabiendo que puede salir herido, la culpa quema distinto —No vayas —susurró Gloria al notar hacia dónde miraba La puerta de la oficina de Demian estaba al final del pasillo. Cerrada. Esperando —Tengo que hacerlo —respondí, aunque ya no sabía si iba por rabia o por desesperación Gloria me soltó lentamente —Entonces no vayas sola —dijo, pero esta vez su voz sonó más frágil Respiré hondo Y avancé Toqué la puerta una sola vez —Adelante —su voz fue seca. Profesional. Distante Cuando entré, Demian estaba detrás del escritorio, de pie, con las manos apoyadas sobre la madera. No parecía sorprendido de verme. Como si hubiera sabido que iría —Sabía que vendrías —dijo sin rodeos —Suspendiste a Gloria por mi culpa y claro que voy a venir —respondí, intentando que mi voz no temblara Él inclinó apenas la cabeza, estudiándome. Frío. Demasiado frío —Tu amiga cruzó una línea —lo sé, pero fue por cuidarme por que ella sabe lo que siento por él —No más que tú — le respondí, pero ni una sola línea de su rostro se movió Un silencio pesado cayó entre nosotros Entonces caminó lentamente alrededor del escritorio. Cada paso era calculado. Se detuvo frente a mí, pero mantuvo una distancia prudente. Esta vez no me tocó —Puedo retirar la suspensión —dijo finalmente Mi corazón dio un vuelco con sus palabras —¿A cambio de qué? —no soy tonta, se que que queire algo Sus ojos se oscurecieron. No había burla en ellos. Tampoco crueldad. Solo conflicto —A cambio de que dejes de exponerte así —respondió en voz baja—. De que dejes ese lugar Entendí No era un trato sucio Era control disfrazado de preocupación —No puedes negociar mi vida —susurré —No estoy negociando tu vida —replicó, acercándose apenas—. Estoy intentando proteger —¿Protegida de qué? —pregunté nerviosa —De todo lo que te está rompiendo… y de mí —eso no lo esperaba Su máscara de frialdad se resquebrajó apenas —No soporto verte ahí —confesó—. No soporto imaginar que alguien más te mire como yo te miro Ahí estaba la verdad. Celos. Amor. Miedo —Eso no te da derecho a castigar a Gloria —dije, aunque mi voz ya no sonaba tan firme —Lo sé —lo sabe, cabron Fue la primera vez que lo admitía más que sea en mi mente —Pero tampoco me da derecho a perderte —y ahí estaba el verdadero trato No era indecente en palabras… era peligroso porque venía envuelto en sentimientos reales —Renuncia —murmuró, casi suplicando—. Y yo arreglo lo de Gloria El aire entre nosotros se volvió irrespirable Porque no me estaba pidiendo obediencia Me estaba pidiendo que eligiera Entre sobrevivir... mi amiga... y él El silencio se volvió espeso tanto que podía escuchar mi propia respiración. Sentir su cercanía sin que me tocara —Renuncia —repitió, más bajo esta vez—. Yo me encargo de Gloria —cerré los ojos un segundo Mamá. Las facturas. Las quimioterapias. Las madrugadas. Y luego él Abrí los ojos y lo miré —Si renuncio… ¿esto se acaba? —pregunté, casi en un susurro Sus facciones se tensaron —No quiero que se acabe —respondió con una honestidad que dolía—. Quiero que deje de destruirnos Dio un paso más Ahora sí estaba demasiado cerca —No soporto verte ahí —murmuró—. No soporto que otros te miren como si tuvieran derecho —Y tú sí lo tienes… ¿verdad? —lo desafié, aunque mi voz ya no tenía la misma fuerza Su mano se elevó lentamente, dudando un segundo antes de rozar apenas mi mejilla. El contacto fue suave… pero cargado de todo lo que no estábamos diciendo —No es derecho —susurró—. Es miedo Mi corazón latía tan fuerte que dolía Podía aceptar. Podía decir que sí. Podía dejarlo todo y permitirle “arreglarlo” Y por un instante… estuve a punto de hacerlo Mis labios se entreabrieron —Demian… —pero la tensión no bajó. Subió Porque aceptar significaba depender Y depender de él era darle el poder de romperme —Si lo hago —susurré, con la voz quebrándose apenas— No será porque me lo pidas Sus ojos bajaron a mis labios, luego volvieron a mis ojos —Entonces hazlo por ti —por mí, si por mi no hubiera nada en casa El aire entre nosotros vibraba Estábamos a un suspiro de cruzar otra línea Y esta vez no habría vuelta atrás ....
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR