"¿No nos vemos todas preciosas?" Lillian paseaba por el pasillo de espejos con Edith y Delores a la hora de la cena. "Así es." Edith se giró para observar su reflejo. Llevaba su mejor vestido, pero la forma en que sus reflejos se extendían hasta el infinito la inquietó. Acababan de pasar por la habitación de los Haversham cuando algo la detuvo en seco. Tres figuras sombrías salieron corriendo de la escalera. Se movían de forma desgarbada, con las articulaciones balanceándose en direcciones imposibles, el cuerpo rebotando de un lado a otro, los brazos extendidos como si temieran caerse. Edith oyó gritar a Lillian. Vio a la joven girarse y correr en dirección contraria. A su otro lado, Delores chilló y echó a correr. Pero Edith estaba petrificada. Descubrió que no podía hacer nada más que m

