—¿Ernest? —Anna se sentó en el borde de la cama, luciendo la lencería que había traído en el viaje. Se suponía que el conjunto era una sorpresa para su marido, un conjunto de sujetador, bragas y guantes a juego hechos de encaje de cachemira. El material era bastante transparente—. Creo que has dormido lo suficiente. Es hora de despertar. Tengo una sorpresa para ti. —Metió la mano debajo de la manta y encontró su pene dormido. Lo sintió caliente en su mano—. Ni siquiera tendrás que esforzarte. Me encargaré de ello con mi boca si quieres. —El fondo... del pozo... es... —Los párpados de Ernest se abrieron—. —Eso es... despierta... cariño. —Anna apretó su pene rítmicamente. Todavía estaba suave, pero estaba segura de que una vez que despertara, estaría feliz por la atención. Cuando levantó l

