El destino toca a la puerta

1173 Palabras
— Un mes después que partió el Payo vino hasta aquí preguntando por usted— suelta sin tapujos necesitaba respuesta estaba desesperado desde que se volvió a enfrentar a ese hombre que con un semblante de fingido sufrimiento se atrevió a tocar la puerta de esa casa... Cobarde él no le creía nada... Fifika palidece sintiendo que el corazón dejo de latir por segundo se coloca las manos en la cara... Nicoletta... — ¿Le hablaste de la princesa? — pregunta con temor en su voz sin querer saber la respuesta ya pensando en ni siquiera desempacar agarrar a su muchacha y nunca más volver... Malanga sea Jayáh se lo advirtió... — Cuál es el problema en que se entere... — desafía Ramsay sabiendo que juega con fuego, pues con su Yaya no hay desafío que valga no le costaba nada dar la vuelta y darle su merecido por igualado y faltarle el respeto... — No juegues conmigo Ramsay, le dijiste si Nicoletta estaba conmigo... Grita con autoridad, aunque su semblante es tenso y en sus ojos hay temor, miedo... Inmediato baja la mirada y se encorva — Claro que no le dije si lo que quería era que un rayo lo partiera en dos Yaya, pero por favor necesito saber él me dijo unas cosas y sé que usted tiene respuesta, si antes me desvelaba pensando en Jayah, desde que esa caricatura de hombre, vino aquí he pasado noches enteras sin dormir sintiéndome responsable por no ir y arrancársela de su lado o por lo menos estar más pendiente de ella, simplemente le di la espalda y no la busque y me duele saber que algo malo le pasó y estaba sola... La abuela más tranquila se levanta y al pasar a su lado le murmura. Ya vengó... A los minutos entra y cierra con seguro la puerta de roble para evitar que alguien interrumpa, le tiende un papel y se le sienta al lado esperando que lea lo que allí revela y aunque ella sabe que eso lo va a devastar más es necesario que lo sepa, Ramsay es un aliado y ahora lo primordial es el bienestar de Nicoletta... Lo observa y ve como su semblante se desfigura de dolor y de odio puro... Y sabe cuándo termina de leer las líneas allí escritas cuando se derrumba a llorar como si de un niño se tratara... Ella solo le coloca una mano encima del hombro esperando que se recomponga, pasando los minutos, Ramsay levanta su mirada con determinación — Yaya él cree que la niña está muerta... Me lo dijo. Cuando vino inmediato me avisaron yo estaba preparando lo de la caravana cuando lo enfrente casi no lo reconocí se veía... Desmejorado y a decir verdad cuando me dijo a lo que venía casi pensé que lloraría, pero no le creo nada, su falso actuar ya lo demostró es un poco hombre, un desleal nunca mereció un amor como el de Jayah... Yo le dije que usted no estaba y no venía en una larga temporada él al ver que no le daría detalles me dijo que venía a dejar unas cosas de Jayah y a decirle que hace un mes falleció en el parto y la niña que esperaba nació muerta... Payo, Infeliz hasta me dio la dirección donde se encuentra enterrada — ¿Qué cosas trajo y la dirección donde es? — pregunta con un hilo de voz al escuchar lo que le dice — Esperé tres meses y yo mismo fui Yaya y si hay una lápida con el nombre de Jayah y hasta unas palabras hacia ella y la bebé... Que se encuentra al lado con el nombre de Jalih, las cosas que trajo las mande al cuarto de Jayah para que usted la revise— ruge con molestia e impotencia pasándose las manos por el rostro — ¿Dos tumbas? ¿Quién está enterrada en la tumba de la niña? — más una pregunta realizada por Fifika era la voz de sus pensamientos que salían sin permiso tratando de procesar toda la información que le estaba dando en ese instante Ramsay mientras él ya se encontraba sumido en sus propias incógnitas... — Ni idea Yaya, pero lo puedo averiguar no quise mover más hasta que usted llegara, pero he ido cada tres meses a la tuba de Jayah tengo noche que no me aparto sus ojos y ahora con lo que se me siento peor tía... no debí alejarme y dejarla a merced de ese degenerado que nunca la mereció — No vale la pena que te angusties con lo que ya no se puede remediar... — Fifica aunque sabe que lo que sienten es demasiado doloroso deben pensar en frio ya lo que paso no lo pueden cambiar aunque quisieran — Yaya la verdadera pregunta seria si, así como tenemos en nuestra protección a la princesa Nicoletta y ese hombre tiene una lápida en su honor, es posible que Jayah... — se le ilumina la cara a Ramsay con la esperanza palpada en cada tramo de su rostro, Fififka lo ve y se dulcifica el rostro porque su corazón sabe que su niña ya no está entre ellos... — Qué más quisiera yo que mi Jayah estuviera entre nosotros Ramsay, pero sabes también como yo que no es así porque lo sientes en tu espíritu mi niño — el rostro de Ramsay se desfigura del dolor del remordimiento de la culpa y del rencor de no poder vengar tanta injusticia cometida hacia la persona más buena y dulce que nunca ha conocido Jayah era como su hermana, su gran amiga, su compañera de travesuras y de tantas vivencias que atesorara de por vida en su alma... — Tenemos los recursos para averiguar quién está enterrado en esas urnas yaya usted solo dígame, de la orden y yo pongo en marcha todo... el payo antes iba a visitar las tumbas cada dos, tres meses desde hace dos años solo va en el cumpleaño de Jayah yo le paso dinero a uno de los que cuida y me tiene informado de todos los movimientos y ese fue el último reporte que recibí... — No movamos nada por ahora Ramsay Nicoletta está de por medio y así como a ti te informan a él también le informaran recuerda que ese hombre le sobra el dinero y ya sabemos de lo que son capaz él y su familia, ellos no pueden saber de Nicoletta hasta que ella pueda defenderse hasta ese momento vamos a dejar las cosas como están — Fififka se arma de esa fuerza que sabe que necesita sacar a la luz para que los demás a su alrededor no se derrumben y ve con determinación a Ramsay y él dice: — Escúchame Ramsay tú leíste las palabras de mi niña y le creo cuando dijo que fue feliz lo dijo con sinceridad, aunque me duele Jayah tomo sus propias decisiones, debemos seguir, el karma llega más temprano que tarde y ellos no será la excepción...
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