Intenté llevar el móvil a mi oreja, pero fue imposible. Lucas continuaba jalando de mi tobillo y consiguió darme la vuelta. Volví a quedar cara a cara con él y mi móvil voló por los aires. Aún continuaba escuchando la voz de Adriano a la distancia. Grité, desesperada, y Adriano oyó. –Ya voy, Abi. Esperame –oí decir a Adriano. Pateé y forcejeé, pero fue en vano. Lucas había logrado capturar de nuevo mis manos y las apretaba, con fuerza, contra el suelo. –Me lastimas –chillé. –No me dejas otra opción. Yo sólo quiero charlar contigo, Abi. Y mira todo lo que me has hecho hacer. Quédate quieta, vamos, sé buena. Lucas se incorporó y me levantó en el aire tomándome de mis brazos y por un momento mis pies se despegaron del suelo. Sentí que la sangre no circulaba hasta mis manos por lo fuerte

