Los dolores inmensos que ella está sintiendo no se comparan con nada, Isabelle siente que el alma se le va en cada dolor, la doctora le dice que falta poco, ella no tiene más fuerzas, están preparando el quirófano por si ella se da por vencida. Pero tomando las últimas fuerzas que le quedan puja fuerte hasta escuchar el llorar de su hijo, las lágrimas le salen de alegría. —Su hijo ha nacido señora. —Mi hijo, mi hijo ha nacido. —Muchas felicidades. —Quiero verlo, quiero ver a mi hijo. —Desde luego. —La doctora ordena que ella le dé el primer beso, Isabelle ve al pequeño tan hermoso, que no tiene palabras para describir lo que está sintiendo en ese momento—Es hermoso. —Solamente lo irán a asear y podrá verlo su esposo. —Gracias. —Aún no terminamos, puje para que la placenta salga. E

